Lo que Rubalcaba diría
Ya tenemos Gobierno, reluciente y estrenado, como nuevo, aunque no lo sea tanto. Hay viejas caras conocidas y un fuerte perfil político, de perfumes sobradamente conocidos. Así que nuevo muy nuevo, no es. Pero antiguo tampoco… cualquiera le pone ese adjetivo a Pedro Sánchez, si alguien va a la moda es él que cuida su look y el de los suyos al máximo. Aunque las apariencias no engañen, que vaya usted a saber si lo hacen, este gobierno de nuevo cuño no podrá vivir sólo de apariencias.
Y aquí, en nuestro aquí más murciano, cada uno ve la feria gubernamental, según le va, o le puede ir… De esta guisa, el secretario general del PSOE de la Región de Murcia, José Vélez, sostiene que “el nuevo gobierno garantiza la continuidad del compromiso del Ejecutivo de España con la Región y asegura la culminación de los numerosos proyectos puestos en marcha en la pasada legislatura…”. La cita es textual, los puntos suspensivos son míos, tantos como proyectos suspendidos en el aire. Muchos incrédulos ese compromiso no lo ven ni firme ni endeble. Baste como muestra, el sangrante botón líquido de nuestro trasvase en peligro, o la insoportable financiación que recibimos, por un modelo a Zapatero debido. Empero, nuestros socialistas murcianos se quedan embelesados ante Sánchez como con Zapatero en tiempos no tan pretéritos…
A su vez, también los populares regionales contemplan con fascinada estupefacción la costosísima noria de esta feria que ya empieza a girar, con 22 ministerios. ¿Qué nos tocará en la tómbola a los murcianos? Lo de siempre, manden unos u otros, nuestra influencia es mínima. Por mucho que ahora el PP reclame al “Gobierno del muro”, lo que ellos no han sabido garantizar; entiéndase: financiación autonómica (Rajoy no movió ni un dedo), el trasvase (que se lo pregunten a Cospedal), «un AVE de verdad» (¿por qué discurre por Alicante nuestro Ave fénix?) y la recuperación del Mar Menor (¿quién ha estado al mando las últimas tres décadas en la Región?). Mas, ellos tienen el corazón tan puro, que igual da que da lo mismo si reclaman al Gobierno del muro, o al muro de sus propias lamentaciones.
De este tenor, supongo, deben ser también las cosas en otras comunidades. Todas quieren lo suyo. Pero antes están los catalanes (y vascos). En cualquier caso, el nuevo ejecutivo de Sánchez va a tener que resistir la presiones, no sólo de una oposición implacable, de este modo solemnemente se ha anunciado desde las filas populares y otras no tan populares, sino que además tendrá que soportar las más difíciles de contener las de sus variopintos socios en esta reedición del celebérrimo gobierno Frankenstein. Término que acuñara el socialista Rubalcaba, años atrás, cuando ya se intuía en el horizonte tras las elecciones de 2016 este monstruo… Qué lejos queda todo ello, aunque, de vez en vez, hay que recordar para volver a vivir lo que ya estamos viviendo.
Alfredo Pérez Rubalcaba, una voz crítica por excelencia donde las hubiera, fue el primero en hablar de “gobierno Frankenstein”, al que ya parecía condenado Pedro Sánchez entonces… Entonces en 2016… El PSOE “no puede ir con quienes quieren romper España”, decía. Además, sostenía con rotundidad que un ejecutivo de izquierdas junto a PNV e independentistas catalanes era imposible porque son partidos de ideología muy distinta, y el único teóricamente de izquierdas, ERC, es independentista hasta la médula, por lo que sería, según magistralmente denominó, “una investidura Frankenstein”.
Sin embargo, sería Rajoy en 2018, quien recuperaría y revitalizaría el término durante la sesión de la moción de censura. cuando pronunció con indisimulada ironía, la sentencia de las sentencias. ¿Saben a cuál me refiero? “Hemos pasado del Gobierno Frankenstein al programa Frankenstein”.
Pues bien, queridos amigos, me temo que seguimos en brazos del monstruo de Mary Shelley y (muy a nuestro pesar) continuaremos empleando con desusada frecuencia tan onomatopéyica expresión, originada desde la profunda visión de un político de la valía de Rubalcaba, al que se le echará de menos siempre. No sabríamos lo que habría dicho hoy… Pero nos lo podemos imaginar.





















