La reforma del desempleo
Desde finales del mes de febrero y hasta finales de marzo, tiene lugar uno de los fenómenos de la naturaleza más bonitos y esperados del año en nuestra Región: la Floración de Cieza, durante la cual, los campos de esta localidad (y de las aledañas) despiertan del letargo invernal y se engalanan para recibir a la primavera.
Y ya cuando, como indicó el pintor Abellán, termina esta “lluvia de flores”, los inmensos campos pasar a estar en plena ebullición productiva en los meses de abril y mayo, momento en el cual vemos cómo son necesarios miles de trabajadores para labores de aclareo, recolección o trabajo en almacenes, pues somos, como Región, el mayor productor nacional de fruta de hueso (melocotón, nectarina, albaricoque o ciruelo).
Pero, pese a que la producción es cíclica, escasean cada vez más los trabajadores en este sector (por no hablar de hostelería, turismo o comercio) y no solamente en nuestra Región, pues también tienen el mismo problema en provincias como Huelva, en su caso cuando llega el momento de la recolección de la fresa, en una región donde también hay, al mismo tiempo, un alto nivel de desempleo de larga duración.
El mes pasado, se presentó desde Moncloa una reforma en materia de desempleo, concretamente al respecto del subsidio, y considero que es positivo que se mejore, que se amplíe y que se simplifiquen los trámites administrativos para poder acceder al mismo una vez se agote la prestación contributiva.
Pero considero también que la administración debe ofrecer una cobertura que proteja a los trabajadores que sea eficaz, pues faltan medidas que deberían implementarse para no desnaturalizar esta cobertura, hasta el punto de que dejar de ser una protección frente a la falta de empleo, para ser una situación alternativa a la del propio trabajo.
Todos coincidimos en que hay que reducir al mínimo posible el tiempo en el que una persona trabajadora está en situación de desempleo. Ese debiera ser el objetivo principal de quienes nos gobiernan. Y ello solamente puede hacerse mediante el desarrollo de políticas activas de empleo eficientes y, desde mi punto de vista, con medidas que penalicen más el rechazo de ofertas de empleo.
Porque cuando alguien está percibiendo la prestación por desempleo, tiene obligación de “buscar activamente empleo” y de aceptar las ofertas que se le ofrezcan por el SEPE de un puesto acorde al solicitado por el empleado, concretamente que esté relacionado con su profesión habitual, así como que se ajuste a sus aptitudes formativas y físicas, o que sea la última profesión desempeñada por el desempleado, y que, además, esté a un máximo de 30 kilómetros de distancia de su localidad de residencia.
Y, aún así, si se da la circunstancia de que el SEPE encuentra un empleo ajustado a todos estos requisitos, sorprendentemente el desempleado puede rechazarlo sin perder la prestación.
Profundizando en esto último, el rechazo a ofertas de empleo: la primera vez que la persona trabajadora se niegue a aceptar un empleo que cumpla todos los requisitos, perderá tres meses de prestación. La segunda vez, la sanción será de seis meses y, en el caso de que haya una tercera, la prestación será suspendida total y definitivamente.
Desde mi punto de vista, rechazar un puesto de trabajo del SEPE cuando se dan todos los requisitos anteriormente mencionados, y no perder la prestación o el subsidio de forma definitiva, resulta contrario a su naturaleza. No tiene ningún sentido.
Más efectivo sería, para reducir el tiempo en el que una persona está en desempleo, buscar medidas como pudiera ser la de compensar a los trabajadores por trabajos con desplazamientos que superen los 30 kilómetros, o dotar de más medios al SEPE, para que sean menos gestores de prestación de desempleo y más intermediadores laborales.
Mientras tanto, cuando caigan las flores seguiremos viendo anuncios en prensa, radio, televisión, buzoneo, e incluso furgonetas con megafonía buscando empleados por las comarcas del norte y noroeste de nuestra Región que recojan la fruta de hueso. Tres millones de parados, y miles ofertas de trabajo sin cubrir.






















