
El día mundial del donante de sangre, celebrado cada año el 14 de junio, tiene como objetivo sensibilizar y concienciar a la población mundial sobre la importancia de donar sangre para la salud de los pacientes que necesitan transfusiones. La fecha coincide con el aniversario del nacimiento de Karl Landsteiner, el patólogo y biólogo austríaco, que descubrió los grupos sanguíneos, haciendo posibles las transfusiones seguras y salvando así innumerables vidas desde entonces [1].
Se define la donación de sangre como el acto por el cual un individuo cede parte de su sangre para que sea transfundida como sangre total o fraccionada en componentes sanguíneos o derivados plasmáticos [2]. La sangre donada se fracciona en sus componentes, los cuales se utilizan en el tratamiento de diversas enfermedades como la anemia y el cáncer, así como en situaciones de hemorragias, en la elaboración de medicamentos, trasplantes e intervenciones quirúrgicas. Los hospitales solicitan diariamente a los bancos de sangre las cantidades necesarias de estos componentes, manteniendo así reservas para emergencias [3].
La transfusión de sangre es un procedimiento médico vital que puede marcar la diferencia entre la vida y la muerte para pacientes con condiciones médicas complejas. Este tratamiento mejora la esperanza y calidad de vida de los pacientes, haciendo posibles intervenciones que, de otro modo, serían imposibles. De hecho, uno de cada diez pacientes hospitalizados necesita una transfusión de sangre; cada tres segundos, alguien requiere una donación, y la mitad de los residentes en España necesitarán sangre en algún momento de sus vidas. Ante esta situación, resulta fundamental recordar que una sola donación de sangre puede salvar hasta tres vidas [3].
En España, como en la mayoría de los países desarrollados, el único modo de provisión de sangre legalmente admitido es el que proviene de donaciones altruistas [4]. La legislación española afirma que el altruismo y la voluntariedad de la donación de sangre son la mejor garantía de calidad y seguridad para el donante y el receptor [5]. En 2022, más de 1,1 millones de personas, equivalentes al 4% de la población en edad de donar, contribuyeron con este esfuerzo permitiendo realizar más de 1,8 millones de transfusiones que beneficiaron a aproximadamente 496.000 pacientes. Además, nuestro país ha alcanzado un excelente nivel de calidad y seguridad en el sistema transfusional [4]
Existen diversos factores que dificultan la cadena de suministro de la sangre, entre los que destacan la caducidad de la sangre obtenida o la necesaria compatibilidad de grupo sanguíneo entre donante y receptor [6]. Por ejemplo, los ciudadanos con el tipo sanguíneo 0-, que solo pueden recibir sangre de su mismo grupo, enfrentan limitaciones en la disponibilidad, dado que solo el 8% de la población española posee este tipo sanguíneo [3, 7]. Es importante señalar que persisten tanto los temores a las agujas, la sangre y los efectos adversos, como los falsos mitos que desalientan a posibles donantes. Entre estos mitos se incluye la creencia errónea de que no se puede donar sangre debido a factores como tener tatuajes, colesterol alto, hipertensión, tomar medicación o fumar. Estos aspectos, junto con otros, hacen que la fuente altruista de provisión de hemoderivados se muestre insuficiente para satisfacer toda la demanda nacional [4]. En este contexto, surgen dos grandes retos a abordar:
1. Desarrollar la cultura de donación de sangre: es fundamental promover una cultura de donación voluntaria y regular que permita cubrir la demanda actual de sangre, con un objetivo de tasa de donantes del 5% [8].
2. Desarrollar la sangre artificial como sustituto eficaz y universal: implica una producción rentable en instalaciones de fabricación farmacéutica y la capacidad de satisfacer la necesidad médica de transfusiones sanguíneas seguras.
Por un lado, el fomento de una cultura de donación de sangre requiere la implementación de medidas focalizadas en la concienciación y sensibilización de la población. Entre estas medidas se incluyen campañas informativas en medios de comunicación y espacios comunitarios, programas educativos en las escuelas e institutos y campañas de concienciación que desmientan mitos y traten los temores sobre la donación de sangre. Además, también es fundamental implicar a organizaciones sin ánimo de lucro, entidades comunitarias y empresas en la organización de campañas de donación de sangre, eventos informativos y actividades de sensibilización.
Por otro lado, la sangre artificial representa un cambio de paradigma de la medicina transfusional que podría salvar innumerables vidas. Esta es una solución científica que permitiría paliar las carencias de sangre, minimizar el riesgo de transmisión de enfermedades infecciosas y ofrecer una adaptación personalizada de la transfusión, mejorando significativamente el tratamiento de enfermedades crónicas y graves [9]. A pesar de los numerosos beneficios que ofrece la sangre artificial, es necesario realizar investigaciones y estudios mucho más exhaustivos antes de que pueda ser implantada como método oficial para llevar a cabo transfusiones sanguíneas [10].
Además, la investigación en sangre artificial no solo ha transformado el campo de la medicina transfusional, sino que también ha impactado en áreas como la administración de fármacos y la terapia celular. Esto se debe a que permite el desarrollo de sistemas con una excelente biocompatibilidad y la capacidad de transportar diferentes biomoléculas y fármacos con facilidad creando así una tecnología multifuncional [11]. Asimismo, los investigadores sostienen que este sistema podría ser utilizado en el futuro para diseñar células terapéuticas artificiales, como las células T del sistema inmunitario, utilizadas actualmente en la terapia CART-T (Chimeric Antigen Receptor T-Cell) contra el cáncer [12].
El departamento de consultoría de Healthcare, Life Sciences & Políticas Sociales de Crowe colabora con diversos agentes de este sector, como los bancos de sangre, para impulsar actuaciones de concienciación y sensibilización. Asimismo, participa en la elaboración y ejecución de estrategias en investigación e innovación, fomentando el progreso en áreas de I+D+i y el establecimiento de alianzas estratégicas. La investigación
e innovación en este ámbito abren nuevas oportunidades de acción y son fundamentales para el avance en terapias avanzadas y medicina personalizada.

