Angelita Carrión Cassau
Buenos días, me presento ante ustedes para narrar simplemente mi vida. Una vida que yo pienso que es poco irrelevante y sencilla. Sin embargo, desde el centro de día Santa Teresa, me han hecho ver que estas vidas de mujeres que lucharon para conseguir ser libres, es necesario que sean contadas y oídas. Son vidas que pueden trasmitir a otras generaciones lo importante que es luchar por tus sueños.
Nací en el seno de una familia acomodada, mis abuelos maternos tenían la tienda de música, situada en la calle mayor, “Casa Casaú”.
Mi madre se casó muy enamorada de mi padre, un militar apuesto, pero con la negativa de mis abuelos. En una época en la que luchar contra lo que marcaba la familia conllevaba el nulo apoyo de ésta y dirigirse hacia un futuro incierto. Mi madre se vio en un matrimonio sin apoyos familiares. Sola, y embarazada de mí. El parto fue muy difícil, porque vine al mundo “de pies” (ya marcaba mis deseos de pisar con fuerza…); la asistió el doctor D. Eduardo Bonet.
Nací en el año 1938, en el Barrio Peral, me pusieron de nombre Ángeles Carrión Casaú. Mi infancia gira en torno a las calles que rodeaban el Café la Uva. La aportación económica de mi padre a la familia era escasa. Mi madre repelaba por todos lados el dinero que podía. En la España de esta época la situación económica de posguerra era difícil. No se comía lo que uno quería sino lo que uno podía. Recuerdo muy intensamente el primer trozo de pan con sobrasada que probé. Cómo lo saboreaba poco a poco para que me durara el mayor tiempo posible.
Con esas ansias de ayudar comenzaron mis deseos de aprender para poder trabajar. Fui una niña que anhelaba saber qué quería hacer, así que con cinco años llegué a las Escuelas Graduadas donde mi hermana me llevó. Me dijeron que no podía entrar siendo tan pequeña; a lo que mi hermana respondió que yo ya sabía leer. Me pusieron a leer la “Fábula del mono y la nuez” y al darse cuenta de que sabía, me admitieron. Era la menor del colegio. Se trataba del primer colegio municipal de España. “Las Graduadas” fue uno de los primeros centros de enseñanza de España donde dividían a los alumnos por edad y nivel. El director, entonces, era D. Feliciano Sánchez. Hice el graduado de dos en dos cursos; me fueron pasando de curso, ya que siempre he sido una persona que se queda pronto con todo. Al terminar este periodo fui al colegio de Santa Florentina, y agradezco a Dª Encarnación Hernández, que me “desasnó”, ella se involucró en procurar que evolucionara, sobre todo porque mi ambición era casarme como el 90 por ciento de las niñas de la época. En el año 60 gané un premio de gramática en Barcelona, recuerdo con agrado que el premio era la enciclopedia ESPASA, en aquel entonces era un lujo tenerla. Siempre me gustó conocer idiomas, inglés, francés…. Terminado mi periodo de estudios básicos con 12 años quise tener el Bachillerato Administrativo, quería traer dinero a casa. Me fui a estudiar a la CNS (Central Nacional Sindicalista) que estaba frente al Ayuntamiento. Primero trabajé en la oficina del paro, recuerdo cómo se mandaban mineros a Europa y cómo se gestionaban los papeles sanitarios de las prostitutas. Luego me coloqué en un despacho de abogados. En el año 57, con 19 años, quise opositar para un puesto de trabajo; para ello me fui a Madrid, una tía mía me prestó el dinero. Siempre me gustaba leer, leía todo lo que caía en mis manos. Por fin saqué mi plaza.
Me coloqué y trabajé en un despacho de abogados, muy bien pagada, cobraba más que mi padre. Pero cuando falleció mi madre, mi hermana que vivía en Venezuela, ya que su esposo era aviador nacido en Cartagena, me convenció para que me fuera con ella.
Dejé un buen trabajo, y viajé a Venezuela por primera vez sin saber cuál sería mi destino. Me sorprendió Venezuela, sus paisajes, sus montañas, con el paso del tiempo me di cuenta que en Venezuela había mucho dinero. Quise hacer cursos de inglés en Brighton College. Al día siguiente de llegar ya tenía trabajo, los españoles eran bien valorados en las empresas, por mi experiencia en despacho de abogados y por mis idiomas fui nombrada jefa de compras en tiendas de lujo por departamentos de Beco, me asignaban un departamento para comprar comedor, baño y dormitorio de lujo.
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Por mi trabajo tenía que viajar mucho, cosa que me ayudó el ser soltera, ya que estaba más disponible. Iba a las ferias de distintos países para comprar material, que sedujera a los clientes venezolanos. Viajaba con regularidad a Chicago, New York, Miami y prácticamente toda Europa, me alojaban en los mejores hoteles Hilton, Fontainebleau (los botones te recibían con el sombrero Salacot) Ritz…, muchas anécdotas que contar en mis viajes y mi etapa de trabajo. Recordar la buena carne de Estados Unidos, Miami, los restaurantes italianos las lasañas, la cocina griega y la Musaka. En mi mente guardo todos esos momentos en los que me sentía útil y dichosa. En el año 1996 me compré una casa en Cartagena, siempre nos tira nuestra tierra natal.
En el golpe de estado de Venezuela, yo vivía en la zona de viviendas de los españoles en Caracas, la mañana del 20 de diciembre del 2001, tenía un tanque en la puerta de mi casa, me quitaron todo lo que tenía y cogiendo mi pasaporte que estaba en regla volví a mi tierra. Tenía 63 años. Vine a mi tierra, en el fondo siempre anhelas la tierra que te vio nacer. La vida al final te dirige. En estos años me diagnosticaron un cáncer de colon, con mal pronóstico, pero yo siempre he pensado que tengo en la vida muy buena suerte, a fecha de hoy estoy curada. Quiero transmitir también que siempre agradecer a aquellas personas que me ayudaron en estos momentos tan difíciles.
De esta etapa recuerdo mis numerosos viajes: el cementerio de Normandía; de Londres uno de los sitios que recuerdo es el museo de la RAF, Real Fuerza Aérea británica, y el museo de las muñecas. Rodas en Grecia… tantos y tantos bonitos sitios que quedan en mi retina. Cosas que he podido hacer para luchar por mi independencia y mi libertad.
Como he sido siempre un culo inquieto y con ganas de aprender, siempre solía coger un coche y recorrer los rincones del lugar…
En líneas generales quiero decir que en mi vida creo que he tenido mucha suerte para poder llevar la vida que he querido.
Quiero agradecer al Centro de día Santa Teresa por ayudarme a escribir este relato.
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