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Opinión | El canto de la moneda
Miércoles, 31 de Julio de 2024
Fernando Mateo Martín

La Reserva Federal contra Estados Unidos

 

Lejos queda aquel año fatídico en el que la Reserva Federal flexibilizó la economía para paliar las nefastas consecuencias de la pandemia. Por aquel entonces decidieron abaratar el coste del dinero para financiar con muy poco esfuerzo cualquier tipo de política y ayuda sin pensar en las terribles consecuencias que esto nos traería en el futuro.

 

Resultado de aquellas políticas monetarias expansivas: el IPC alcanzó la cima del 8% en 2022 arrastrado por el índice de precios al productor (IPP) que aumentó un 10% en tan solo doce meses, según la Oficina de Estadísticas Laborales.

 

La respuesta por parte del banco central ante semejante desenlace económico fue una subida de tipos sin precedentes hasta el 5,5%, la más rápida y agresiva de nuestra historia.

 

Esta subida de tipos se llevó a cabo con el objetivo de frenar una inflación que arrebataba de forma drástica el poder adquisitivo y el ahorro de las familias. Pues bien, entramos en el segundo semestre 2024 y la inflación todavía ofrece cierta resistencia, y no es para menos, teniendo en cuenta que las inyecciones de liquidez y la creación de nueva deuda continuó a destajo durante 2022 y 2023. Además, debemos añadir a toda esta fiesta unas elecciones que están a la vuelta de la esquina, lo que complica todavía más un mínimo recorte del gasto público de cara a los próximos meses e incluso de cara a 2025.

 

¿Cuál es el gran inconveniente?

 

Actualmente se estuvo creando nueva deuda asumiendo un coste de los intereses demasiado elevados, y generar nueva deuda en un entorno de restricción monetaria implica que los intereses de la deuda estadounidense crezcan a pasos agigantados, mucho más que en un entorno de expansión monetaria o con unos tipos de interés por debajo del 3%.

 

Pensemos que en un escenario de tipos bajos, tanto los intereses de la deuda como la propia deuda seguirían viéndose afectadas pero con una importante ralentización, y por ende, también se evitaría que la inflación volviera a crecer en un futuro cercano al ritmo que lo hizo durante los últimos años. El colofón vendrá cuando no puedan esconder que gran parte de toda la nueva deuda futura será creada para pagar los intereses de deudas pasadas. ¿Qué puede salir mal?

 

La deuda pública de Estados Unidos ya asciende a treinta y cinco billones de dólares y sin duda seguirá aumentando dadas las circunstancias y las regulares estrategias de la propia Reserva Federal. El presidente de la Reserva Federal, Jerome Powell, ha estado insistiendo en cada una de sus comparecencias durante el último año la importancia de apreciar un incremento de las peticiones por desempleo, así como la importancia de empezar a apreciar una desaceleración económica a gran escala para empezar a recortar tipos, pero lo cierto y verdad es que estos datos negativos no terminan por llegar, y mucho menos teniendo en cuenta que el PIB ha crecido durante el segundo trimestre de 2024 un 0,7% respecto al trimestre anterior.

 

Por otro lado, el Banco Central Europeo ya movió ficha con su primera bajada de tipos, un recorte de 25 puntos básicos que ha bastado para que los principales índices se mantengan en zona de máximos. Esto podemos apreciarlo por ejemplo en el DAX, encontrándose tan solo a un 2% de los máximos de mayo.

 

En definitiva, el mercado “que somos todos”, diría el economista José Luis SamPedro, espera con cierta inquietud las próximas elecciones de Estados Unidos del cinco de noviembre de este mismo año, con la esperanza de que demócratas o republicanos renuncien a las políticas monetarias convencionales, que como bien nos ha enseñado la historia, acaban alimentando el gigante de la deuda pública, al monstruo de la inflación, y por tanto, al arrebatamiento indirecto del poder adquisitivo de las familias.

 

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