Fernando Sáenz de Elorrieta
Asegura que su mejor obra “está aún por llegar”, pero ya es profeta en su tierra con la presencia de numerosas esculturas en sus calles, la más conocida la Cola de Ballena que surca las aguas del Puerto de Cartagena. El escultor Fernando Sáenz de Elorrieta ha sido enfermero militar y durante su navegación por la Antártida se dedicó a fotografiar y dibujar ballenas. “Esa imagen tan estética y poderosa quedó grabada en mi retina y en mi corazón”, señala. Considera que Cartagena es “un diamante en bruto”, en donde aún faltan cosas por hacer en el terreno cultural. “A mi parecer, la inversión en cultura enriquece la ciudad enormemente. Creo que faltan espacios expositivos y lugares de encuentro entre artistas”, concluye.
Usted es enfermero militar, ¿qué le llevó a elegir esta profesión?
En aquel momento era obligatorio hacer la mili y al terminar la carrera hice la Milicia Universitaria para poder subsistir, y durante ella salió la oposición a la escala básica y la aprobé. Me había gustado lo que vi, incluso me había hecho ya buceador, y ese era mi futuro.
¿Cuándo nació su interés por la escultura?
Desde muy pequeño me atrajo el arte, y las tres dimensiones me daban la opción de expresarme de una forma más completa para mi carácter. Comencé a trabajar la escultura en el año 1995 y desde entonces no he tenido interrupción, y lo he compaginado con mi trabajo como enfermero.
Suponemos que su estilo como artista habrá evolucionado a lo largo de los años, ¿cuál es el momento en el que se encuentra?
Ahora estoy jubilado y, a pesar de la edad, sigo plenamente creativo y con enormes ganas de crear. Sigo con mi línea, cada vez más expresionista.
Además de su manifiesta pasión por el mar, ¿en qué se inspira para realizar su obra?
El mar, y mi profesión, siempre ha sido una fuente de inspiración para mí. La naturaleza, en general, también proporciona grandes ideas e influencias. Pero es la figura humana en especial la que me atrae enormemente, cada ser es único, y eso me da muchísimo juego a la hora de realizar mis esculturas.
¿Las esculturas tienen alma?, ¿sintió algo especial cuando realizaron las imponentes obras del Cristo Suspendido y el Cristo de los Buzos?
Cuando se realiza una escultura religiosa hay un reto añadido, esos hierros que manejas inertes y fríos deben de crear sentimientos muy profundos, con el Cristo suspendido, una obra que se encuentra en la iglesia cartagenera de San Diego, tuve grandes vivencias.
¿Cuál es el escultor que más le ha influenciado en su trayectoria?
Siempre he admirado de forma especial a Rodin y a Oteiza, cada uno por cosas distintas.
Usted trabaja mucho el acero corten, ¿es un material fácil de modelar y de especial belleza?
Me encanta trabajar tanto el hierro como el acero corten, sus distintas texturas al oxidar son como las arrugas de la piel humana, dan carácter y vida a la obra con el paso del tiempo. Además de la fortaleza y potencia que engendran a la escultura.
La ciudad de Cartagena tiene obras emblemáticas suyas, como el Buzo y el Soldado de Reemplazo, ¿se siente profeta en su tierra?
La verdad es que no me quejo en absoluto, me siento reconocido y querido en mi tierra, cosa que no es fácil.
La obra más conocida que hay en la ciudad es la Cola de Ballena, explíqueme de dónde salió la inspiración para realizar esa escultura.
Surgió de mi estancia en la Antártida, allí me dediqué a fotografiarlas y dibujarlas, esa imagen tan estética y poderosa quedó grabada en mi retina y en mi corazón.
¿Le gustaría ver su obra expuesta en alguna ciudad que no fuera la suya?
Tengo obra de gran formato también en Alicante y San Javier, pero me encantaría verla en otras ciudades por supuesto.
Usted ha realizado una línea de joyería basada en la Cola de Ballena ¿qué estilo tiene sus piezas?
Pues la mayoría son inspiradas en la escultura de la Cola de Ballena. Hago colgantes, pulseras, brazaletes, etc. Son fieles reproducciones de la escultura en diversos materiales. También hago joyería con personajes realizados con hilo metálico muy sugerentes.
Después de su jubilación se dedica de lleno a la escultura, ¿usted cree que se puede vivir de la escultura o es necesario tener un trabajo diferente?
Los comienzos no son fáciles, la escultura requiere una gran inversión en materiales, herramientas y un taller adecuado, todo ello no es barato, pero con ganas y mucho trabajo se puede llegar a vivir de ello. Aunque las personas que quieran hacerlo no deben esperar a hacerse ricos con esta profesión.
Independientemente de las alegrías que le ha dado la Cola de Ballena, ¿cuál es la escultura de la que más orgulloso se siente?
Por los sentimientos creados y por la dificultad técnica, sin duda El Cristo suspendido. Es una obra de cinco metros de envergadura, creada íntegramente por mis manos, y que al verla colgada impresiona incluso al no creyente.
¿Cómo cree que está posicionada Murcia desde el punto de vista artístico?
En nuestra Región hay grandes artistas, pero aún falta más apoyo a los creadores. A mi juicio, la pandemia fue un desastre para los artistas, y considera qué aún se arrastra esa crisis.
¿España es un país de grandes escultores?
España es cuna de magníficos escultores a través de la historia. Además, muchos de ellos tienen un enorme reconocimiento internacional.
Como cartagenero y uno de los mayores embajadores de la ciudad, ¿qué cree que podríamos mejorar desde el punto de vista turístico? ¿No cree que estamos aún un poco a la cola con respecto a otras ciudades de España?
Para mi Cartagena es un diamante en bruto, tenemos mimbres para ser el Mónaco español, pero con mil veces más patrimonio: las baterías de costa, las fortalezas, los yacimientos arqueológicos, etc.
¿Cuál cree que es el principal freno que sufre la ciudad de Cartagena?
Aún faltan cosas por hacer en el terreno cultural. A mi parecer, la inversión en cultura enriquece la ciudad enormemente. Creo que en Cartagena faltan espacios expositivos y lugares de encuentro entre artistas de toda índole, que eran puntos de conexión con la población, a modo de viveros de cultura. Un lugar adecuado sería el Mercado de Gisbert, daría una tremenda vida a esa zona.
Son incontables las exposiciones y también los premios que usted ha recibido a lo largo de su trayectoria como escultor, ¿que han supuesto para usted estos reconocimientos?
Siempre anima mucho un reconocimiento y estimula a seguir creando, es una recarga de batería para el espíritu.
¿Qué le falta por hacer?
Espero que mi mejor obra esté aún por llegar, me encantaría hacer a nuestra Patrona en mi estilo, para poder estar en la vía pública y que los cartageneros puedan tocarla cada día, como sucede con el Jesús Nazareno.
¿Hacia dónde camina y cuáles son sus previsiones de futuro?
Mi mayor deseo es ser feliz con lo que hago, el día que no me lo pase bien con la escultura dejaré de hacerla. También o si las fuerzas me fallan, que también cuenta, ya que el de escultor es un trabajo muy físico.
¿Qué hace usted cuando no trabaja?
Disfrutar de mi familia, de mis amigos de toda la vida y de mis perros. Pasear por el monte me encanta, mi otra gran pasión siempre fue el buceo, pero tuve que dejarlo y ahora solo hago snorkel.
Un hombre bueno, honesto y con mucha fuerza de voluntad
Su mayor deseo es ser feliz con lo que hace. Fernando Sáenz de Elorrieta disfruta en su taller, creando las imponentes esculturas que brotan de su imaginación. Sus ratos de ocio, los comparte con su familia y sus amigos de toda la vida, sin olvidarse de sus perros. Con ellos surca los montes de Cartagena, otra de sus pasiones.
Tiene una gran cantidad de amigos, la mayor parte de ellos de su infancia y adolescencia. Pedro Ferrández presume de conocer muy bien a Fernando, y lo describe como “una persona de gran corazón”. Más de cuarenta años de amistad le avalan para asegurar que es un hombre “tremendamente vital, que transmite hoy la misma ilusión por la vida que cuando era un niño”.
“Fernando es el resultado de su enorme fuerza de voluntad, y de la pasión que pone en todo lo que hace”, explica Ferrández. Añade que “atesora una vida dichosa, en lo personal y profesional. Su pasión por la vida le ha llevado a llenarla de arte, desde sus inicios en los que dibujaba en la pizarra del colegio hasta el lugar en que hoy se encuentra, que colma sus aspiraciones creativas y completan su vida en plenitud”.
Ferrández alaba también la figura de Juana, su mujer, a la que define “su roca más firme”. Concluye explicando que el escultor es, entre otras muchas cosas, un amigo leal, comprensivo, generoso y un apoyo en los momentos difíciles”. En definitiva, un ser humano “excepcional, honesto y con unos valores y principios que dibujan y definen los perfiles de un hombre bueno”.







