HABLEMOS DE BELLEZA
Laura Conesa
Belleza, ¡Qué bella eres! En la quietud de tu inmensidad me detengo a contemplarte. Hoy vengo a hablaros de un concepto tan simple como complejo, de un término asociado a cánones preestablecidos y del que, me temo, no todos tenemos la misma opinión. ¿Qué es realmente la belleza?
La belleza es una noción abstracta, algo inherente al ser humano y que se asocia con distintos aspectos de nuestra realidad en el mundo que nos rodea.
Para percibir la belleza necesitamos una experiencia sensorial que a su vez nos transmita placer o un sentimiento de satisfacción. Este término se ha asociado desde la antigüedad con las formas simétricas y proporcionadas, pero esto puede que sea meramente una percepción visual. La belleza actualmente es un concepto amplio, dinámico y con múltiples aristas.
Nuestro sentido de lo bello depende de nuestra sensibilidad y como no todos tenemos la misma, nuestra idea de belleza cambiará sustancialmente de unos a otros. Presumo que es de vital importancia asociar la belleza al mundo del arte, la belleza en él habita en un estado supremo que no se transfiere e incluso perdura más allá del material utilizado.
Lo que está claro es que estamos rodeados de cosas bellas, de seres bellos que nos hacen más gratificante nuestro paso por el mundo. El ser humano tiende a rodearse de cosas bellas, aquellas que nos den la felicidad de un momento placentero, ¿acaso no es bello un beso?, ¿la sonrisa de un niño?, ¿la inmensidad del mar?, ¿un perfume agradable?...
San Agustín en sus “Confesiones” nos habla de la belleza como aquello que nos atrae y nos fascina y nos pregunta si acaso amamos algo que no sea bello. Creo que San Agustín habla únicamente de lo visual, pues no hace distinción alguna entre el exterior y el interior. No obstante, transmitió al mundo medieval el concepto de armonía y formó de forma decisiva la evolución del pensamiento estético.
Yo creo que todo lo que lleve la pasión de la consecución es bello. El esmero, la constancia, la dedicación y el entusiasmo son ingredientes fundamentales para que nos salga algo bonito. Habrá quien considere que todo esto es intrascendente y que prefieren otras cualidades como la utilidad o la funcionalidad.
Miren, no hay nada más fácil que no poderse de acuerdo, es una costumbre adquirida a través de los siglos y que seguirá formado parte de la pluralidad del ser humano. No hay ni habrá consenso para la belleza. Ella, donde quiera que esté, seguirá siendo objeto de debate entre los que acuden cada año a presenciar un plátano pegado con cinta aislante en una pared y los que entran a la Capilla Sixtina y se sobrecogen mientras se congela el espacio alrededor por no poder ser capaces de entender tanta belleza junta. El hombre es un ser bello por naturaleza, tiene en su mano el poder de crear y sinceramente pienso que es un superpoder. No se puede agradar a todo el mundo, de lo contrario estaríamos eternamente aburridos, pero sería idílicamente bello que por una vez nos pusiéramos de acuerdo en algo.
Como ven, este tema da para escribir una enciclopedia. La belleza es tan ambigua que hasta me parece simple. Yo, como buena historiadora del arte, la descubro y redescubro todos los días cuando salgo a la calle, pues vivo en una ciudad bella, solo tengo que andar unos pasos y contemplar nuestro puerto. Tan simple como eso. Además, la misma palabra en sí es bella, “belleza” suena bien hasta al pronunciarlo. La vida es bella, Qué bello es vivir, dos películas sublimes cargadas de belleza no solo en su título. ¿Les he dicho que hasta en la melancolía existe un halo de belleza?...






















