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Opinión |
Jueves, 23 de Junio de 2011

Cospedal, elefanta en la cacharrería

Líbreme de llamar cacharros a los castellano-manchegos, pero como si lo fueran parece que los trata la neófita presidenta en la ‘corte’ toledana.

Tal cual fuera Eduardo Manostijeras, la virreina de Génova María Dolores de Cospedal  anuncia “recortes, recortes, recortes…” tantos como ocurrencias en noche veraniega a orillas del Tajo pudieran ocurrírsele.

Dice de ella el ‘rey’ Rajoy que sus anuncios son un modelo de lo que harán los populares una vez tomen posesión de feudos (perdón, comunidades y ayuntamientos). A saber: cortará la cabeza simbólicamente a seis de cada diez altos cargos, rebajará a la mínima expresión la asignación de los grupos parlamentarios y las subvenciones a sindicatos y empresarios, eliminará el Consejo Económico y Social, el Defensor del Pueblo, la Comisión de la Competencia,  Sindicatura de Cuentas… ¿pero le queda algo más? Quizá sobre demagogia.

Parece que Rajoy va por un camino distinto al de sus barones regionales, salvo la baronesa Cospedal, quien aparentemente camina en paralelo aunque a cierta distancia de Rajoy, al igual que Cervantes nos describió al Quijote y al fiel escudero Sancho por las tierras de molinos ahora bajo el mando de María Dolores.

Dolores, pero de cabeza, está dando a algunos de sus compañeros de partido que tienen dificultades para explicar que en sus comunidades “nunca” suprimirán organismos e instituciones. Quizá habría que explicarle a la ‘baronesa’ toledana que los refinados Ombudsman, por ejemplo, ya existían en el siglo XII en Aragón (el Justicia Mayor), en el XV en Castilla (el Procurador del Común) –la misma tierra en realidad que ella preside-, o en el XVIII en Canarias (el Diputado del Común).

Como si la figura del Defensor del Pueblo, se llame como se llame, fuera un malvado invento socialista llegado con los aires autonomistas.

Alguien tendrá también que explicarle que si la supresión del 60% de altos cargos es acabar con los delegados de la Junta de Comunidades en las provincias, y que si esto supone amortizar los servicios, va lista. La coordinación la hará finalmente un funcionario al que tendrá que pagar el correspondiente complemento de destino; y así un desatino tras otro.

En realidad, la ‘gracia’ de los recortes sólo se la ha aplaudido Rajoy, pues ni Rudi ni Arenas ni Valcárcel (“no se puede recortar más, pues hay que prestar los servicios”) ni Herrera en Castilla y León ni Feijóo en Galicia están por la labor de seguir los pasos de la vicealmirante.

Estas son ocurrencias como la de Felipe González de acabar con las diputaciones.  Efectivamente en comunidades uniprovinciales como la murciana, la figura de la Diputación, y más para los más jóvenes, puede resultar anacrónica. Sin embargo había que recordar a más de uno no se crearon precisamente ayer, sino que su origen está en la década de los treinta (pero del siglo XIX). Si no me fallan las cuentas, con una historia de 150 años más que las comunidades autónomas.

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