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ENTREVISTAS

Almudena Roca: “En España no se valora el flamenco, se va poco a los tablaos y a los teatros porque hay mucho desconocimiento”

La bailaora cartagenera, que triunfa en la compañía de María Pagés, sostiene que “hay muy poca gente que puede vivir solo de la danza”

Ángela de la Llana Domingo, 22 de Diciembre de 2024 Tiempo de lectura:

 

Desde muy pequeña supo que lo suyo era dedicarse a la danza profesional porque ella tenía esa especie de “duende” que les toca solo a algunos privilegiados, ese arte que no sirve para nada si no se explota con esfuerzo, tesón y mucho sacrificio. Almudena Roca estudió en el Conservatorio Superior de Danza de Madrid el grado superior de danza en coreografía e interpretación de la danza española y reforzó su formación con un máster de flamencología en la Escuela Superior de Cataluña.

 

La joven, que ha llegado alto en su carrera, pertenece a la compañía de danza de María Pagés e imparte docencia en el Conservatorio de Valladolid. Considera que en España “no valoramos ni conocemos el flamenco. Es una pena, es un arte único que tenemos aquí y los ciudadanos no van a los tablaos porque lo ven que es algo de extranjeros. Tampoco acuden al teatro, hay mucho desconocimiento”, sostiene.

 

- ¿Cuáles son sus inicios en el mundo de la danza española y flamenco?

 

Yo me inicio en la escuela de Carmen Baños de Cartagena con 3 años. El médico me detectó que tenía los pies planos y le recomendó a mi madre que me apuntara a danza y ese fue mi inicio. Una vez que comencé descubrí que realmente me apasionaba, me encantaba bailar y es entonces cuando tomé conciencia de que yo quería ser bailarina.

 

- Usted acaba con matrícula de honor en el grado profesional de danza y flamenco, ¿cuándo decide que se va a dedicar a la danza desde el punto de vista profesional?

 

Lo decido antes de acabar el grado profesional. Desde muy pequeña he tenido la gran suerte de que mis padres han apostado económicamente por mí, tanto en cursillos, en llevarme a ver actuaciones, viajar durante el verano a Madrid para seguir formándome, etc. Desde muy joven, que tomo contacto con bailarines profesionales, me acerco a ellos en esa compañía en la capital, que es donde está el foco, y me doy cuenta de que lo mío es ser bailarina. Cuando inicio el grado yo ya sabía que me quería ir a Madrid.

 

- En el año 2010, con 15 años, obtiene el premio de danza española y flamenco del concurso “Tiempo de Danza”, ¿qué le reporta este galardón siendo tan joven?

 

Me sigue impulsando a nivel motivacional y me becan para empezar el grado superior en Madrid antes de la edad. En el Conservatorio me abrieron un expediente por superdotación en artes y empecé antes el grado superior. Gracias a esa beca y a mi año de adelanto hice segundo de bachiller con primero de carrera. Eso supuso un impulso, una palmadita en la espalda que te dice que lo estás haciendo bien y que es el camino.

 

- El pasado año recibía el premio Kairós en la categoría de reparto flamenco, que la reconoce como una de las mejores bailaoras de la Región.

 

Ese premio igual, es un reconocimiento a la trayectoria a seguir luchando y a lo difícil que es llegar a Madrid. Hacerte un hueco y entrar en la red de bailarines. Al final, una vez que entras, es complicado introducirte viviendo en una provincia. Lograr entrar y poder bailar, mantenerte, crearte un nombre y que se te escuche en el mundillo es difícil. Ese premio es un reconocimiento a mi trayectoria, es un lujo y un empujón más en el camino.

 

- ¿Cuál es el estilo y la forma personal de bailar que usted tiene?

 

Al final cada persona es un mundo y cada artista es único porque la danza es muy subjetiva y cada uno lo siente de forma diferente y no hay una verdad absoluta. Aunque cada uno haga los mismos pasos, cada persona lo va a sentir de una forma diferente. En mi caso yo me considero bailarina de danza española, pero con mucho arraigo al flamenco. A mí me mueve el flamenco y mi forma de sentirlo y transmitirlo es con más intensidad, más pasión, más fuerza y me muevo por ahí.

 

- Usted se ha formado y ha bailado con los mejores. Incluso estuvo un año en Sevilla con José Antonio, ex director del Ballet Nacional de España, ¿cuál es la persona que más ha marcado su estilo?

 

Las dos personas que marcaron mi estilo fueron Carmen y Matilde Rubio en Murcia, sin duda, que fueron mis maestras. Además, José Antonio en Sevilla me marcó porque supuso para mí un sueño. Yo me formé en el Conservatorio Superior de Danza de Madrid siendo José Antonio el director del Ballet Nacional de España y cuando salió la audición para formar parte de esa compañía, que fue el último proyecto que ha hecho, para mí fue maravilloso poder trabajar con él, fue lo más. Actualmente, María Pagés es una pedazo de mujer, emprendedora y a la que admiro y me inspira día a día.

 

- Desde el año 2019 forma parte de la Compañía de María Pagés.

 

Trabajar con ella es muy inspirador porque te adentras en el proceso de inspiración, en su cabeza, y al final es una mujer que es creadora y gestiona mucho más allá de la danza. Es una persona culta, que sabe muchos idiomas, que trabaja en el centro coreográfico María Pagés y actualmente ha creado el centro de danza “Matadero” en Madrid. Además, hace proyectos sociales con discapacitados, mujeres maltratadas, personas mayores. Eso hace que te enriquezcas de una forma personal y es una maravilla.

 

- Después llegó la pandemia, ¿cómo vivió aquella época?

 

Fatal porque fuimos los primeros en parar. Yo recuerdo que tenía un acto en Mallorca y una gira a Miami y Nueva York y 10 días antes salió en las noticias que todos los europeos tenían prohibida la entrada a Estados Unidos y desde ahí todo fue horrible. Además, después de la pandemia vinieron las restricciones. Los teatros estaban cerrados, teníamos que ensayar con mascarillas. Fue un palo y costó mucho volver a la normalidad. Yo en aquella época recuerdo la frase de mis padres de “estudia y sigue formándote”.

 

- ¿Cómo está actualmente valorada la danza flamenca en España?
 

Yo creo que no lo suficiente. Es una pena al ser un arte único que tenemos aquí que cuando vamos fuera la gente alucina con el baile y el cante y se vuelve loca, y aquí en España los ciudadanos no van a los tablaos porque piensan que es algo de extranjeros. Tampoco acuden al teatro, por puro desconocimiento. Creo que no está valorado ni se conoce. El flamenco es algo que te llega, te toca, y una vez que ocurre eso ya nunca lo sueltas. A casi la mayoría de personas les pasaría, pero hay mucho desconocimiento.

 

- La Región de Murcia, ¿a qué nivel cree que se encuentra en esta modalidad de baile?

 

Tiene su posición con el festival Internacional del Cante de las Minas, lo que pasa es que solo es una semana al año. Luego hay Murcia Flamenca, en Cartagena, Caravaca y San Javier hay festivales, pero yo creo que está muy lejos de lo que es el top del flamenco, que es Sevilla, Jerez y Madrid. Hay buena afición, pero queda aún. Aunque hay comunidades que no tienen absolutamente nada.

 

- Usted trabaja actualmente en el Conservatorio de Danza de Valladolid, ¿le gusta la docencia?

 

Me encanta la docencia y desde pequeña siempre he querido ser bailarina y cuando de más mayor, ser profesora de un conservatorio. A día de hoy estoy cumpliendo un sueño porque me veo reflejada en aquellas profesoras que me hicieron amar la danza y cubrir esta vocación y tener el privilegio de seguir bailando, viajando y enriqueciéndome.

 

- ¿Cuáles son los valores que aporta la danza?

 

Aporta disciplina, constancia, respeto, compañerismo, conocerse a uno mismo, el tener paciencia, el luchar por lo que realmente quieres. Es algo que a día de hoy merece la pena porque vivimos en un mundo de rapidez e impaciencia en el que el móvil en segundos te da lo que necesitas y al final esto es trabajo y es algo que te aporta muchos valores. Yo recomiendo que los padres apunten a los niños a danza porque les aporta coordinación, musicalidad, poder trabajar en grupo, conocerse ellos mismos, tener disciplina, respeto y ser constante.

 

- Usted ha reconocido que el artista vive en una inestabilidad constante, que no tienen contratos fijos y estables y viven de oportunidades.

 

Eso es así, esa es la vida del artista ya que vive en la pura inestabilidad. Estar constantemente buscándote la vida, aunque estés en una compañía, intentar entrar en otra porque necesitas una estabilidad económica ya que te pagan la actuación, no te pagan un sueldo al mes. Compañeras que buscan academias o el tablao porque tenemos contratos precarios que te dan de alta solo el día de la actuación.

 

- Sin embargo, usted vive de la danza, ¿cree usted que se puede vivir de la danza?

 

Hay muy poca gente que puede vivir solo de la danza. Es muy complicado. Dando clases o teniendo otro trabajo complementario ya es más factible. Yo he tenido compañeros que estaban trabajando en Zara además de bailar en una compañía. Yo he tenido la gran suerte de estar viviendo de ello, lo he conseguido.

 

- Estamos ante un mundo muy competitivo, supongo que en la danza habrá luchas internas para llegar a lo más alto.

 

Muchísimo, y como ejemplo la película del Cisne Negro que habla de todo esto y lo refleja bastante bien. La danza es muy competitiva, todo el mundo quiere e intenta ser el mejor, cada uno se busca sus triquiñuelas e intenta llegar a donde sea de una manera menos sana o menos legal para ascender a lo más alto. Hay gente a la que les da igual el camino, y busca el fin, y hay gente más coherente.

 

- Estamos ante una profesión muy dura porque siempre hay que estar en forma física, ¿cree que llega un momento en que tendrá que dejar de bailar?

 

Sin duda, hay un límite y una fecha que tu cuerpo dice que tienes que parar. Hay gente que lo hace antes o después. Hay fechas en las que tu cuerpo te obliga a parar, bien por una lesión, porque la mujer decide ser madre o porque tu cuerpo pasa factura y la gente joven viene pisando muy fuerte y con buenas capacidades. Es muy duro cuando llega ese momento, pero te tienes que retirar.

 

- El duende flamenco, la magia sobre el escenario, ¿se nace o se hace?

 

Con algo de duende se tiene que nacer. El talento y el don de alguna manera te toca y se nace con eso. Ahora que estoy en la docencia y tengo niñas muy pequeñas lo veo, el don lo tienen o no lo tienen. Aunque eso no significa que teniéndolo vayas a bailar. Eso es solo un 20% y la constancia y el trabajo es el 80%. Esto es llevar a tu cuerpo al límite y mantenerte. Pero con algo de talento tienes que tener.

 

- Usted ha llegado a actuar ante los Reyes de España y le ha dado clase a la Princesa de Marruecos, en Rabat, dentro de la Escuela Real, ¿cómo le han marcado estas experiencias?

 

Me llenan de orgullo, claro que sí. Bailé para los Reyes con la compañía de María Pagés y al acabar la actuación subieron al escenario y fue muy interesante charlar un rato con ellos, sobre todo con Letizia. La clase de flamenco de la princesa de Marruecos fue porque tuvimos una actuación en Rabat y le daba clases María y una compañera y yo estábamos con ella.

 

- ¿Qué le recomendaría a las jóvenes que quieren dedicarse a la danza?

 

Que se muevan, trabajen con todo el mundo que puedan, que vayan a ver teatro, que viajen a Madrid, que hagan todos los cursillos que puedan y que no dejen de trabajar a diario porque esa es la única clave.

 

- ¿Hacia dónde camina su vida, cuáles son sus proyectos de futuro? ¿Se ha planteado la posibilidad de tener su propia compañía?

 

Tener una compañía grande como tal no me lo he planteado porque supone un trabajo enorme y un riesgo económico. Me planteo seguir con el camino de la docencia, seguir actuando como intérprete en las compañías donde estoy e ir haciendo poco a poco mi nombre con grandes músicos, como con los que estoy trabajando y actúo como bailarina solista. Me gustaría que se escuchara más mi nombre.

 

- Pronto regresará a Cartagena por Navidad.

 

Sí, me encanta mi ciudad. Hace poco me reuní con la alcaldesa, Noelia Arroyo, y me sentí muy feliz y agradecida porque me nombró “Embajadora de Cartagena”. Es un título que voy a llevar con mucho orgullo.

 

- ¿Qué hace usted cuando no trabaja?

 

Me encanta pasear, escuchar música, estar con mis amigos y familia, disfrutar de los pequeños momentos como estar en una terraza al sol tomando una cervecita con una buena conversación. Lloro por ir a Cartagena, pasear por el Puerto y disfrutar del tiempo que siempre hace en mi tierra. También me encanta viajar porque me enriquece, me empapo de otras culturas y me abro al mundo.

 

 

Amante de la familia, los amigos y de Cartagena


Le encanta pasear, escuchar música, estar con sus amigos y familiares y disfrutar de los pequeños momentos, “como sentarme en una terraza al sol tomando una cervecita con una buena conversación”. Asegura que llora por “venir a Cartagena, pasear por el Puerto y disfrutar del tiempo que siempre hace en mi tierra”. Otra de las grandes pasiones de Almudena Roca es la de viajar, “porque me enriquece, me empapo de otras culturas y me abro al mundo”.

 

Su tía, Mamen Roca, la describe como una persona “tremendamente familiar. La palabra te quiero y el abrazo siempre están presentes en ella”. Adora a su familia y por su abuelo paterno sentía una especial devoción: “Ellos se llamaban Fartiqueras y siempre bromeaban con que se iban a poner el mismo tatuaje, algo que nunca hicieron”.

 

También la describe como una persona muy fiel a sus amigos, muy trabajadora y constante. “Almudena baila desde los dos años y desde muy pequeña su nivel de exigencia es muy grande”. Es amante de la ciudad que le ha visto nacer, Cartagena, y fiel a sus tradiciones. Mamen, que la considera más una amiga que una sobrina, explica que “por su carrera profesional tiene una espinita clavada, que es la de no poder procesionar el Domingo de Resurrección con su Cofradía: El Santo Ángel con la Cruz Triunfante”.

 

 

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