EL MUNDO DE LOS SUEÑOS
Como decía Calderón de la Barca: “La vida es sueño y los sueños, sueños son”.
¿Han pensado alguna vez que puede que vivamos en un sueño permanente y que un día al despertar todo sea nuevo para nosotros y tengamos que volver a aprenderlo todo? Complicado se me antoja explicar algo tan inaccesible pero tan patente y común en nuestras vidas como es el soñar.
Puede que los sueños tengan más importancia de la que le damos. ¿Se han dado cuenta que todos tenemos un mundo inaccesible en el que solo nosotros podemos entrar? Sí, el mundo onírico que nos invade cada noche y al que invitamos a otras personas que quizá nunca lo sepan.
Nuestros sueños pueden ser redundantes y repetitivos, podemos vivirlos como una realidad y al despertar llevarnos la decepción del siglo, otras veces nos sumergen en un mundo oscuro y cruel que no nos gustaría visitar, otras veces son inteligibles, surrealistas, extraños, cómicos, agradables y otras tan placenteros que no nos gustaría despertar nunca.
Hay veces en las que intentamos buscarles una explicación o un significado y les achacamos cosas que quizá no tengan ninguna conexión. Es un gesto simplemente humano el de querer buscar explicación a lo que no lo tiene.
En la antigüedad siempre se prestó mucha atención a los sueños y los usaron a menudo como mensajes del mundo espiritual. Se cree que en los últimos dos mil años la interpretación de los sueños ha sido tan elemental que roza lo erróneo. De hecho, el psicólogo Jung dijo: “Solo yo sé mi sueño y es posible que ni siquiera lo comprenda, pues me habla en un lenguaje propio en el que nada es lo que parece”.
Se ha reducido la interpretación de los sueños a una simbología propia que trata de dar luz a un mundo que todavía no está iluminado. Nuestros sueños moran en un pozo insondable acompañando a la humanidad desde su origen y contienen nuestra fuerza y debilidades de una manera increíble.
Para todo aquel que tenga curiosidad, pueden utilizar una enciclopedia atemporal de símbolos y quizá encuentren algún código o vía que pueda regir sus dudas. Lo cierto para mí es que, salvo el misterio de la muerte, el hombre ha intentado comprender y descifrar todo lo que nos rodea de una manera u otra. Somos seres débiles, necesitamos fortalecernos con un resultado positivo. En la vida real nos tranquilizamos si las cosas salen bien y nos cabreamos si salen mal, sin embargo, en los sueños no estamos sometidos a las presiones de la vida cotidiana y, sea cual sea nuestra conducta en ellos, nos encontraremos tan desnudos de ropajes como cuando venimos al mundo.
Hay pruebas científicas que dicen que si registráramos los sueños y los pudiéramos explicar nos ayudarían a reforzar nuestra confianza, a construir nuestra personalidad y a tomar decisiones más acertadas y con más control sobre nosotros mismos.
Algunas personas prefieren no atravesar el umbral de lo desconocido, quizá temen enfrentarse a lo que se escapa de nuestro control, y lo cierto es que me parece plausible. Pienso que hay que tratarlos con la cautela que merecen.
A los sueños se les ha denominado “pensamientos laterales” ya que forman irreductiblemente parte de nuestro pensamientos mientras estamos en una fase de reconstrucción de todas esas conexiones que invaden el interior de nuestra mente.
Lo que me fascina de este tema es que haya escritores, músicos, artistas, etc., que dicen haber creado sus obras a partir de un sueño. Pero no se emocionen demasiado, el gran William Morris quiso soñar un poema y al despertar solo recordaba el primer verso. No lo consiguió, pero estuvo cerca.
¿Los sueños nos hablan? No lo sé, sinceramente.
Aquí les dejo un proverbio griego que dice: “La red del que duerme recoge peces”. Después de leer esto, duerman, sueñen y mañana piensen en sus sueños, quizá les digan algo que no saben o quizá se queden con la duda para los restos. La vida es sueño y los sueños, sueños son. No lo olviden.





















