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Cartagena, ciudad milenaria y eterna

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Cartagena, ciudad milenaria y eterna. Composición 50×70 en acuarela, acrílico y rotulador calibrado sobre papel. López de Alarcón.

 

Vivo en la ciudad de las altas murallas; del Estero, el Mandarache y la almadraba. Vivo donde nació la historia, donde Cartagineses y Romanos conocieron la gloria.

 

Una obra se siente, se vive, se contempla, se percibe; el artista intenta trasladar sus ideas al realizarla. En esta que mostramos la autora refleja Cartagena tal y como fue en sus orígenes: una península con cinco colinas que marcan la temática, cinco luces que simbolizan el origen de toda la cronología venidera. La imagen esquemática de la planimetría más antigua de Cartagena, con el Mar de Mandarache y el Estero, proyectan una luz que sale del interior de la obra a través de distintas transparencias: flanqueando la base cartográfica aparecen por el horizonte las referencias a nuestra milenaria ciudad. La gama cromática de ocres y azules consigue trasladar al espectador el pálpito de una urbe viva, llena de contrastes e intensidad poética.

 

López de Alarcón nos traslada con su obra hasta los albores de la historia de esa ciudad trimilenaria que tanto celebra nuestro buen amigo Tomás Martínez Pagán, con el que cada 31 de diciembre brindamos por la entrada del nuevo año en un encuentro de amigos: la pintura de Joaquina nos lleva con su luz a la esperanza que supone el comienzo de un nuevo tiempo, y es un homenaje a la evolución de la ciudad en estos 3000 años.

 

La Cartagena de Tomás vivió en los comienzos de la historia el desarrollo de las civilizaciones que inventaron la escritura, con la presencia de fenicios, griegos, cartagineses, romanos y bizantinos en sus aguas, en sus costas y en sus puertos. De su bahía salieron el garum, el aceite y los metales que engrandecieron la civilización romana. En la dura piel de la ciudad quedaron vestigios de esos tiempos: teatros, anfiteatros, templos y lujosas domus todavía se conservan.

 

La que llama trimilenaria vivió una Edad Media apasionante, como dejó testimonio Hazin de Cartagena en sus escritos, conoció la Reconquista de manos del infante Alfonso; y la Orden de Santa María de España y el Adelantado Chacón le confirieron una personalidad que se desarrolló con fuerza en una Edad Moderna marcada por el poder económico de la Mesta, la fuerza de los monjes de San Ginés de la Jara, la construcción de murallas y defensas y la apertura al mundo.

 

La Cartagena donde hoy viven Tomás y Joaquina es producto del desarrollo industrial y minero del siglo XIX, tiempo en el que llegó el ferrocarril, se extendió por doquier el Modernismo y la sociedad se modernizó tras la Guerra Cantonal. El siglo XX conoció dramáticas guerras y Cartagena, la trimilenaria, protagonizó destacadas crónicas sociales, bélicas y culturales; la ciudad cayó de bruces y se levantó varias veces, queriendo vivir ahora de su historia, sí Tomás, trimilenaria.

 

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