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Opinión | La Ventana
Alberto Castillo Baños
Martes, 14 de Enero de 2025
Alberto Castillo Baños

FRANCO, ESE HOMBRE

Alberto Castillo Baños

 

Para titular este artículo tomo prestado el título de la película documental del año 1964 proyectada, obligatoriamente, en todos los cines de España para celebrar lo que se llamó en su momento “Veinticinco años de Paz”. La dirigió José Luis Sáenz de Heredia quien, años antes, ya había dirigido “Raza” aquella autobiografía de Franco con guión de Jaime de Andrade, seudónimo del propio general, y que contaba la historia de tres hermanos y sus distintos comportamientos durante la “guerra civil”. Algún día, este puñetero país, debería rescatar la memoria de uno de los más prolíficos directores cinematográficos que hemos tenido, Sáenz de Heredia, pero claro como trabajó durante la época del “franquismo” ha sido completamente olvidado. Por cierto, “señores de la memoria histórica” este cineasta, nada más producirse el golpe de estado de julio del treinta y seis, fue encarcelado y torturado por una cédula socialista en Madrid y condenado a muerte sin juicio previo y sin nada. Su único delito era ser primo de José Antonio Primo de Rivera. Lo salvó, in extremis, su gran amigo y compañero Luis Buñuel que, enterado de aquella salvajada, se presentó donde estaba detenido, acompañado por trabajadores y estudiantes de los “Estudios Roptence” y consiguió su libertad. El llamado “sordo de Calanda” incluso le ayudó para que saliera de Madrid y cruzara las líneas a la llamada “zona nacional”. Fueron amigos durante toda la vida aunque Sáenz de Heredia fuera el cineasta “del Régimen” y Buñuel estaba exiliado en México de donde nunca regresó.

 

Pues bien, volviendo al título del artículo, ahora el Gobierno de España se ha empeñado en sacar de nuevo a Franco al primer plano informativo y se me escapa, sinceramente, lo que busca con ese comportamiento de “recordar al dictador” al cumplirse los cincuenta años de su fallecimiento. “Franco, ese hombre”.

 

Anote el desconocido lector, si lo hubiere, que Pedro Sánchez tenía dos años y nueve meses cuando, Franco, murió “en la cama de un hospital” viejo y decrépito. El señor presidente sabe del general lo que haya leído o le hayan contado. Y es que los que “vivimos con Franco”, de sesenta años para abajo, en este dos mil veinticinco cuando se cumplen cincuenta años de su fallecimiento, éramos niños o adolescentes ajenos, la mayoría, a todo esto que ahora, don Sánchez, se empeña en resucitar. Quien esto escribe era un chico que estudiaba el bachiller y que recuerda, muy bien por cierto, aquellas engoladas voces de Radio Nacional de España cuando, en el “parte”, leían la noticia de cómo se encontraba el moribundo esos días y que siempre, siempre, terminaban con aquella frase de “firmado, el equipo médico habitual”. Y por supuesto, el día de su muerte, que no tuvimos clase con mi consiguiente alegría porque aquel veinte de noviembre, que era jueves, teníamos un examen de griego, yo era del bachiller de letras, y me libré de hacerlo.

 

El único segmento de la población que “vivió con Franco” y lo padeció incluso, para bien o para mal, tienen en la actualidad más de setenta y cinco años. Los menores de esa edad éramos niños, jóvenes y adolescentes.

 

El Gobierno de España, con una hábil maniobra de distracción, vuelve a sacar a Franco al primer plano de la actualidad “celebrando” que se murió hace cincuenta años. Celebrar la muerte de alguien, aunque fuera un dictador, deja mucho que desear desde luego. Claro, pretenden que los temas que nos ocupan y preocupan de presuntas irregularidades dentro y alrededores del Ejecutivo pasen a un segundo plano mientras, la clase política, se enzarza en la conveniencia o no de celebrar semejante historia. Los temas de doña Begoña señora de Sánchez, el amigo Koldo, don Ábalos, el hermanísimo, el señor Aldama, tito Berni o del propio fiscal general del Estado, el fiscal del gobierno como dijo el señor presidente, queden olvidados mientras pasean a Franco, de nuevo, por la Castellana. Versión, corregida y aumentada, de aquellos “desfiles de la Victoria” a los que era tan aficionado el viejo general y que, los españoles, veíamos por televisión en blanco y negro porque no había más canales y a la fuerza teníamos que tragarnos el desfile triunfal.

 

¿No hubiera sido más lógico celebrar “cincuenta años de democracia”? ¿No hubiera sido más coherente rendir homenaje a aquellos políticos, señores siempre, que sentados en la misma mesa, pese a sus diferencias y antagonismos ideológicos, trabajaron para redactar la Constitución española y sacarnos del túnel de la dictadura? Claro que la gran diferencia está en que aquellos políticos trabajaban por el bien común, por la paz, por la concordia entre los españoles, por construir un futuro en libertad y por “enterrar definitivamente las dos Españas” que tanta sangre había costado. Pero mire usted por donde, cincuenta años después, el presidente del Gobierno vuelve a sacar a Franco a los titulares de prensa. Ver para creer.

 

¿De nuevo el enfrentamiento entre hermanos? ¿De nuevo “rojos y azules”? ¿No se da cuenta que con estos “fastos mortuorios” lo único que hacen es darles alas a los populismos más extremos con el consiguiente riesgo de nuevos enfrentamientos? Claro que, aquí y ahora, me permito recordar aquella frase de Zapatero, el amigo y consejero del dictador Maduro, al periodista Iñaki Gabilondo sin darse cuenta de que el micrófono de la SER estaba abierto: “Cuanto más ruido haya en la calle, mejor nos irá a nosotros”. Con esto está dicho todo.

 

Por cierto, hablando de ruido, que alguien le diga por favor a la ministra Montero, doña Chus, como la conocen en Andalucía, que no chille tanto, que no grite, porque cuanto más se chilla o se grita es porque no se tiene razón alguna en lo que se está diciendo. Y precisamente esta señora, dentro del clima “guerra civilista” que pretenden resucitar, el otro día al ser nominada para dirigir los destinos del PSOE andaluz, en detrimento de Juan Espadas, que ha sido depurado por el aparato, puño en alto y a voz en grito resucitó el lema de Pasionaria del año treinta y seis, “No pasarán”, chillaba como una posesa. No pasarán. Mire, mi respetada doña Chus, no van a pasar porque ya están dentro. No hacen falta que pasen. ¿Aparte de resucitar a Franco vamos a volver con los gritos y consignas de la guerra civil? ¿Vamos a resucitar fantasmas ya olvidados? ¿Vamos a dividirnos de nuevo y vamos a enfrentarnos entre españoles? Claro que recordando aquello de “Cuanto más ruido haya en la calle, mejor nos irá a nosotros” nos podemos esperar cualquier cosa desde luego.

 

Por cierto, señor Sánchez don Pedro, ¿cuándo va a condenar usted al dictador Maduro? Todos los países democráticos han levantado su voz contra este líder sanguinario y han mostrado claramente su rechazo. De usted no hemos oído nada. Absolutamente nada. Valiente con los dictadores muertos hace cincuenta años y excesivamente conservador con los vivos, por no decir otra cosa.

 

Alberto Castillo Baños

 

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