EL ABRAZO PORTUARIO
Soy tan antigua que me apasionan las ciudades con mar, no es una gran urbe pero nadie ha dicho que las grandes urbes sean las que molen más, ¿o sí?
Ya pasó la era de los países y ahora estamos en la nueva era de las ciudades y en cómo explotar sus encantos. Para mí una ciudad con puerto no tiene parangón, dejando de lado las maravillosas estampas marinas que recoge en un amanecer o atardecer cualquiera.
En mi ciudad se huele a mar, la humedad la destruye y le otorga de igual manera ese aire decadente pero que cala hasta los huesos, nunca mejor dicho. En mi ciudad se oyen las gaviotas, atracan cruceros y vienen navíos de cualquier parte del mundo para su reparación. En mi ciudad hay cinco colinas que abrazan un legado trimilenario.
Cualquier ciudad con puerto sabe que la conexión entre producción y distribución le otorga un potencial estratégico sin igual. Además de los intercambios económicos, no podemos olvidar lo que significa a nivel cultural, que es la parcela más interesante. Crisol de culturas por su situación estratégica inmejorable, el puerto de Cartagena fue vital tanto para los romanos, en la época de Al-Ándalus, durante la Reconquista y la Edad de Oro hasta la actualidad.
Parte de la expansión de la ciudad se la debemos a su puerto, ahí sigue inalterable escribiendo el guion continuo de una ciudad que sigue reinventándose cada día, siendo testigo de un legado marítimo excepcional y adaptándose al nivel logístico que tiene hoy día por la constante proliferación de cruceros.
Parte de este éxito lo tiene hoy la Autoridad Portuaria que depende del Ministerio de Transportes y Movilidad Sostenible y que tiene claro que el puerto de Cartagena es uno de los más importantes del Mediterráneo y que esa distinción le otorga una gran responsabilidad.
Sepan que nuestro puerto es el cuarto a nivel nacional en tráfico de mercancías y que el 80% de las importaciones de la Región se realizan a través de él.
Cartagena Puerto de Culturas es una marca que ha contribuido a la recuperación y explotación de nuestro patrimonio a nivel turístico.
Quién les iba a decir a los marineros de siglos pasados que esos lugares algo mugrientos e incluso peligrosos se transformarían con el paso de los años en los principales atractivos turísticos de una ciudad. Miren Hamburgo, con sus canales y almacenes de ladrillo rojo, Rotterdam, que tiene 40 km de muelles, Valencia que es el que tiene más conexiones, Shanghái con mayor volumen de carga del mundo o Vigo con el mayor puerto pesquero de Europa.
El puerto nos da prestancia, nos da sal, nos da luz, aromas, agua y vida. La vida en el mar es tan dura que había que hacerlo así de bonito para mantener lo idílico de su nombre. Mil y una aventuras nos esperan al son de los motores, aunque yo prefiero las velas y seguir amarrada con un cabo grueso a mi ciudad, la de las cinco colinas, la que amanece bajo el vuelo rasante del viento que ondea una bandera de España.





















