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Opinión | La Ventana
Alberto Castillo Baños
Jueves, 13 de Febrero de 2025
Alberto Castillo Baños

CARTAGENA MARCA LAS HORAS EN MURCIA

 

Lo que sin duda muchos de ustedes desconocerán es que la más celebre y popular de las campanas de la torre catedralicia de Murcia se fundió en Cartagena y que desde hace doscientos cuarenta y ocho años marca el paso de las horas en la capital de la Región. Es la famosa campana del “reloj” y se bautizó en su momento con el nombre de María de la Fuensanta en honor de la patrona de la ciudad y la huerta.

 

Según las actas capitulares el campanero que la realizó residía en Cartagena, aunque de origen catalán y vecino de Mataró, pero que se trasladó a vivir a la “Trimilenaria” y su taller fue de los más importantes de la época recibiendo encargos de numerosas parroquias y catedrales de España para qué realizara sus “famosas” campanas.

 

Lo curioso, como ahora explicaremos, es la duración del viaje para trasladar la campana de Cartagena a Murcia. Precisamente una efeméride que recordamos porque se realizó en estos días del mes de febrero. Doscientos cuarenta y ocho años de historia nos contemplan. Este fue el viaje y, posterior colocación en la torre de la Catedral de Murcia, de la célebre campana bautizada con el nombre de “María de la Fuensanta” Una campana
de enormes proporciones para la época y que fue realizada, como hemos dicho al comienzo, en la ciudad de Cartagena.

 

Las actas capitulares del año 1777 refieren con todo detalle este acontecimiento. “Hizo la campana del reloj de esta Santa Iglesia Catedral Don Vicente Carbonell, vecino y maestro campanero de la ciudad de Cartagena y natural que es de la de Mataró. Goza el maestro fundidor de justa fama en los reinos de España siendo numerosos los encargos que recibe pero gracias a su pericia y el gran número de aprendices y discípulos que tiene en su taller puede atender las muchas peticiones que recibe a lo largo del año. En dicho día tres de febrero del año de nuestro Señor de mi setecientos y setenta y siete salió dicho señor con ella desde Cartagena para entregarla a la ciudad de Murcia.

 

Para pasar el puerto estuvieron tres días y en todo el camino estuvieron siete días. El día diez, festividad de Santa Escolástica Virgen y san Guillermo de Aquitania, lunes de Carnestolendas, a las tres de la tarde, entraron en esta ciudad de Murcia y depositaronla al pie de la torre y puerta de la Iglesia Catedral que mira a las cadenas. El día doce, miércoles, la pesaron y pesó cuatrocientas y cincuenta y tres arrobas de metal nuevo, que hacen ciento trece quintales que, a cuarenta y dos pesos el quintal, puesta en la torre, importa cuatro mil setecientos cincuenta y seis pesos, siete reales y diecisiete maravedíes.

 

A las cuatro y media de la tarde la tocaron para entregarse de ella el Cabildo. El día veinte la bendijeron y pusieron por nombre María de la Fuensanta. El quince de mayo, San Isidro Labrador, jueves de la semana, a las seis y cuarto de la mañana la empezaron a subir a la dicha torre con dos tornos, en uno había trece hombres y el otro quince. Llegó a lo alto de la torre a las siete y cuarenta minutos. El día veintiuno, festividad de Santa María del Socorro, miércoles de la semana, la pusieron en el sitio donde está hoy, que es en la fachada que mira a las cadenas. El día veintitrés, día de la Aparición del Glorioso Apóstol Santiago, viernes de la semana, al toque de conjuro, fue la primera vez que la tocaron colocada en su lugar de la torre catedralicia. Siendo obispo de Cartagena el Ilustrísimo Señor Don Manuel Rubín de Celis”.


Las cuatrocientas cincuenta y tres arrobas que pesa la campana, al convertirla a kilos hay que multiplicar esas arrobas por once kilos y medio, qué es el convertidor oficial, dándonos un resultado de cinco mil doscientos nueve kilos de bronce por lo cual, el desconocido lector, se puede hacer una pequeña idea de lo que supuso el viaje desde Cartagena a Murcia y qué sé invirtieran incluso tres días en pasar el Puerto de la Cadena o que en total, para realizar el trayecto entre ambas ciudades, se necesitaran siete días.


Y otra curiosidad, al maestro campanero de Cartagena, le pagaron por el peso de la campana con relación al metal empleado para su realización. No era, por tanto, un pago estipulado de antemano sino qué una vez entregado el trabajo se pesaba y con relación a ello, y como estuviera estipulado el valor del metal utilizado, sé pagaba. No dice nada el acta de como cobraban las horas ni las jornadas empleadas pero tuvieron que ser muchas dado el gran volumen de la campana que, a día de hoy, marca las horas del reloj de la catedral murciana.
 

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