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Hans Christian Andersen en Cartagena

 

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Cuento Los campeones de salto. Técnica mixta sobre tabla. López de Alarcón.

Una pulga, un saltamontes y un huesecillo saltarín compitieron para conocer el mejor saltador. El que ganase obtendría la mano de la hija del rey del bosque, que dio por vencedor al huesecillo saltarín, que no tuvo el mejor salto, pero sí el que llegó a los brazos de la amada.     

 

Dicen que una imagen vale más que cien palabras, y una vez más se comprueba al contemplar el trabajo de Joaquina López para una reciente exposición colectiva que rememoraba el viaje de Andersen por diversos lugares de España. Cuando el popular autor de cuentos escribió Los campeones de salto, llevaba ya más de 10 años de prolífica carrera, buscando en sus viajes inspiración y sensaciones que hiciesen universal su obra.

 

Hans Christian Andersen visitó España en el otoño de 1862: entró por la frontera francesa y recorrió toda la costa mediterránea hasta llegar a Murcia, viajando en diligencia hasta Cartagena, donde se hospedó en la Fonda Francesa, muy cerca de las Casas Consistoriales. Acompañado de sus guías, los cónsules de Rusia y Dinamarca (Bartolomé Spottorno), visitó las instalaciones portuarias y tomó agua con anís en el Casino, alabando la majestuosidad de las fortalezas  y castillos que rodean el puerto.

 

De su paso por la ciudad ha quedado una escultura en su honor (en el parque de Los Juncos) y el testimonio de su libro Un viaje por España, donde cuenta en el capítulo 7 su llegada a la ciudad a primera hora de la tarde a través de unas calles tortuosas y su paseo por el puerto atravesando las Puertas del Mar para llegar a contemplar un paisaje asolado y agreste; las rocas más cercanas y las que se veían a lo lejos poseían un color amarillo rojizo como polvo de paja. En las montañas hay minas de plata, y en el valle crece el esparto con tal abundancia que dio al pueblo el nombre de Espartaria.

 

Era un momento de gran expectación en los astilleros y en los muelles, pues se esperaba la visita de la reina Isabel II, que arribó a la ciudad unos días después de la estancia de Andersen, el día 23 de octubre. En su poética descripción alababa la tranquilidad de las aguas y la majestuosidad de los barcos, partiendo en uno de ellos, el Non plus ultra, tras tres días de estancia en la ciudad en dirección hacia Málaga, dejando tras de sí uno de los más bellos testimonios que se han escrito sobre Cartagena:

 

Era la última noche en Cartagena, la ciudad de Asdrúbal, en ella soñé que caminaba por las profundidades del mar, entre extrañas plantas de exuberante fronda, como las palmeras de Elche, que se enroscaban en mí. Vi preciosas perlas, más ninguna tenía tanto brillo como el que yo había visto en los ojos españoles. El mar rodaba por encima de mí con la sonoridad de un órgano. Me sentí prisionero del fondo del mar y añoré la vida de arriba, de la superficie, y la luz del sol…

 

Tras las visitas de la reina y del escritor danés Cartagena vivió hechos históricos como fueron la construcción del faro de Cabo de Palos, la llegada del ferrocarril, los sucesos cantonales o la expansión minera y modernista en los años de la Restauración.

 

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