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DEPORTES

Cuando la violencia ensucia el fútbol base: la otra cara del deporte infantil

Agresiones a árbitros, peleas entre padres y disputas que terminan en violencia física, son algunos de los problemas que ponen en jaque los valores de este deporte en categorías infantiles y juveniles

Antonio Sánchez Miércoles, 26 de Febrero de 2025 Tiempo de lectura:
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El fútbol base, ese espacio donde los más pequeños aprenden valores como el respeto, el esfuerzo y el compañerismo, está sufriendo un grave deterioro en la Región de Murcia y en nuestro país. En los últimos meses, los campos de juego han sido testigos de episodios que no tienen nada que ver con lo que representa este deporte: insultos, amenazas y agresiones físicas, actos deplorables que están ensuciando la imagen de las competiciones, epecialmente en las categorías infantiles y juveniles.

 

El último incidente de este tipo ha ocurrido en Alguazas, donde un encuentro terminó en una batalla campal que involucró a jugadores, padres y espectadores. La situación se descontroló hasta el punto de que el delegado del equipo visitante, el San José Los Ángeles de Molina de Segura, fue agredido físicamente mientras intentaba calmar los ánimos. Según su testimonio, recogido en diferentes medios de comunicación como La Verdad o La Opinión, recibió golpes y patadas hasta acabar en el suelo, lo que le obligó a presentar un parte de lesiones en el hospital. La denuncia ha sido puesta en conocimiento de la Policía Nacional, mientras el club y la Federación de Fútbol de La Región de Murcia (FFRM) intentan esclarecer lo sucedido.

 

Pero este no es un caso aislado. El año pasado, el primer teniente de alcalde de ese mismo municipio, Jesús Gomariz, protagonizó un bochornoso episodio de agresión verbal contra un árbitro en otro partido de la misma categoría. Según el acta arbitral, el edil profirió insultos y amenazas hacia al colegiado, una actitud inaceptable que generó un profundo malestar en la comunidad deportiva.

 

El problema va más allá del terreno de juego. La crispación que se respira trasciende los partidos y, en algunos casos, incluso se traslada a las calles. En Molina de Segura, durante la pasada Nochebuena, una pelea multitudinaria terminó con dos jóvenes heridos graves por arma blanca. Las primeras investigaciones apuntaron a que el enfrentamiento se originó por una disputa previa en un partido entre dos grupos de jugadores de origen árabe y latino. Lo que comenzó como un choque deportivo acabó convirtiéndose en un episodio de extrema violencia fuera del campo.

 

Los especialistas coinciden en que el problema no está en los niños ni en los árbitros, sino en el entorno. Muchos de estos incidentes tienen su origen en la actitud de algunos padres que, en lugar de fomentar el respeto y el juego limpio, transmiten una presión desmedida a sus hijos y una hostilidad injustificada hacia los árbitros y entrenadores. El resultado es un caldo de cultivo perfecto para que la tensión se desborde y se den situaciones como las ya mencionadas.

 

El fútbol base debería ser una escuela de valores, no un ring de boxeo. Por ello, es fundamental que las instituciones, los clubes y las familias tomen cartas en el asunto. La solución no pasa solo por sanciones y castigos, sino por una educación deportiva basada en el respeto, la empatía y la tolerancia. Es necesario reforzar las campañas de concienciación, formar a los entrenadores y árbitros en la gestión de conflictos y, sobre todo, hacer entender a los padres que el fútbol infantil no es la Champions League. No están en juego títulos ni contratos millonarios, sino la formación de los niños y jóvenes en un ambiente sano y seguro.

 

Si no se actúa con firmeza y de manera inmediata, se corre el riesgo de que esto se convierta en un reflejo de lo peor de nuestra sociedad. Y eso es algo que nadie que ame a este deporte debería permitir.

 

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