La escritora zaragozana, María Zabay.
Acaba de nacer 'Valentina. Un pecado en Manhattan', la nueva novela de la periodista y escritora María Zabay. Cuenta con el aval de dos grandes: Arturo Pérez-Reverte y Carmen Posadas que, entre otras cosas, dicen de ella que su "prosa que fluye como el mejor diálogo de una serie".
Una revolución narrativa con una lírica en mayúsculas, un ritmo trepidante, humor afilado y reflexiones profundas sobre la vida, el amor, las clases sociales y la herencia cultural. Equilibra momentos ligeros y divertidos con otros de gran intensidad emocional. Atrapa con diálogos ingeniosos, el descaro de esta adolescente y momentos de vulnerabilidad emocional que hacen suspirar, sin caer en clichés. “Huyo de ellos”, dice la escritora aragonesa. Valentina promete ser una de las lecturas imprescindibles del año.
Valentina explora la sexualidad de manera desinhibida y se rebela contra la moralidad y las normas sociales. ¿Fue difícil dar vida a esa rebeldía?
Fue un desafío apasionante. No se trata de retratar la rebeldía por el mero acto de desafiar, sino de capturar esa fuerza interior que surge dentro de nosotros al cuestionar lo establecido. Quise que su rebeldía fuera el reflejo de una juventud que se niega a conformarse, que rechaza lo que ve alrededor, las herencias familiares que no le gustan; esa chispa que nos enciende la búsqueda de la autenticidad y que, a la vez, se sumerge en las contradicciones propias de crecer en un mundo lleno de reglas. De alguna manera, Valentina se convierte en un símbolo de valentía, capaz de transformar cada obstáculo en una oportunidad para redescubrirse a sí misma.
Dices que Valentina rompe moldes, ¿por qué?
Porque es pura autenticidad. No es la heroína perfecta de los cuentos de hadas, sino una joven valiente, imperfecta y profundamente humana. Se abre camino en un mundo lleno de obstáculos sociales y personales, explorando con honestidad temas como la sexualidad, la moral y las normas que rigen nuestra sociedad. Es una historia sobre el coraje de soñar cuando todo parece estar en contra. Su lucha es la de todos los que se atreven a soñar a lo grande, a desafiar lo establecido y a convertir cada error en una lección de vida. Es la protagonista ideal para quienes buscan identificarse en la imperfección, la superación y la fuerza del espíritu.
¿Requiere coraje lo de soñar?
Por supuesto. Valentina habla de romper barreras sociales, de encontrar nuestra propia voz y, sobre todo, de ser fiel a nosotros mismos en un mundo que nos invita a conformarnos.
El lector se sumergirá en una historia que le atrapará desde el primer momento, dejándolo con ganas de vivir cada instante junto a Valentina. ¿Qué destacarías de toda su peripecia?
Uy, qué difícil. Hay mucho. Desde la complejidad del amor y las pasiones desbordadas hasta la crudeza de las injusticias sociales y, como te decía, mostrar que ser fiel a uno mismo es el mayor desafío, especialmente cuando las tentaciones te prometen una versión más fácil de la felicidad. Quería que, con mucho humor, la novela mostrase la belleza de la imperfección y la fuerza que nace de la rebeldía.
¿Cuánto nos condiciona la moralidad? ¿Somos libres o presos del precio de la libertad?
La moralidad guía nuestras decisiones, pero también demarca límites que, en ocasiones, nos atrapan en una especie de jaula o cárcel. No se trata de ser prisioneros de una moral inamovible ni de vivir sin principios, sino de reconocer que la verdadera libertad consiste en elegir conscientemente nuestros propios valores. Somos libres en la medida en que decidimos qué ataduras aceptar y, sobre todo, en el coraje de forjar nuestro propio camino, aun sabiendo que cada elección implica un precio.
Es curioso como Valentina rechaza el comportamiento de su madre, ese existir basado en la exuberancia, y sin embargo, repite el patrón.
Sí, quise reflejar esta paradoja tan común que nos muestra lo compleja que es la formación de la identidad. Valentina, en su afán de no repetir los excesos y la exuberancia que marcó a su madre, se rebela contra ese patrón. Sin embargo, en el fondo, esa misma pasión y fuerza vital forman parte de su esencia; un legado del que, aunque intenta distanciarse, es heredera.
Es la muestra de que somos producto de nuestro entorno, y a veces, en el intento de romper moldes, terminamos replicando lo que más nos marcó, aunque no nos guste. Esa contradicción es lo que la hace tan auténtica y humana, y es precisamente en esa lucha interna en la que reside su verdadera fuerza.
Valentina es una joven pícara, desinhibida y muy divertida que vive una historia de amor compleja. Tratas la fidelidad y los celos ¿por qué es el amor tan difícil?
El amor nos enfrenta a la eterna lucha entre la razón y el deseo, casi nunca unidos. Valentina es una mujer que no teme desafiar las normas, que se deja llevar por su instinto y que, en su camino hacia la felicidad, se enfrenta a las reglas de un juego en el que no siempre gana el que más ama, sino el que mejor entiende las dinámicas del poder y la seducción. Creo que el lector se verá reflejado en esos dilemas universales que casi todos, en algún momento, hemos vivido.
Cada página late con el pulso de un Nueva York que nunca duerme, sus luces, neones, gentes, oportunidades, aconteceres... Casi podemos decir que la ciudad es un personaje más.
Lo es. Nueva York, con su energía inagotable, es un retrato en el que se ven tanto la esperanza como las sombras de sus habitantes. Es en ese ir y venir constante, en el cruce de luces y sombras, donde se nutre la esencia de la protagonista. Cada calle, cada esquina, te invita a sentir que, en Manhattan, la vida misma es un riesgo y un sueño en construcción, haciendo de ella un personaje inolvidable en la trama.
¿Qué te motivó a escribir la novela?
Fue una forma de dar voz a todas esas personas que luchan por salir adelante, que no se rinden pese a las desigualdades y los prejuicios. Quería mostrar que detrás de cada éxito hay decisiones difíciles, sacrificios y, muchas veces, dudas. Esta novela es la historia de alguien que se atreve a soñar en grande, pero también de alguien que se enfrenta a sí misma.










