ME QUEDO SIN DISFRAZ
Carnaval, Carnaval…Carnaval no te quiero…Lo siento, no soy carnavalera. Pido perdón de antemano a todos aquellos que disfruten del sin par ambiente festivo que supone el carnaval, con su pompa y su bombo, lleno de maquillajes, plumajes, mucho baile, contoneo de caderas y brilli brilli para hacer 50 fiestas remember.
Eso sí, valoro tremendamente el trabajo y el esfuerzo que supone hacer esos trajes que te convierten en una diva ipso facto (como la de Melody o más) y llevarlos encima durante varias horas seguidas sin perder la compostura. Admito que yo sería incapaz, mi innata condición de mujer patosa me lo impide, así que: Chapeau por todos.
Además siempre pienso que tienen que pasar frío. El carnaval debería ser en verano, aunque obviamente no puede ser porque tiene una fecha fija en el calendario, determinada en la tradición católica por el Jueves Santo y que varía cada año por el calendario lunar.
El carnaval siempre tiene lugar cuarenta días antes del Jueves Santo y finaliza con el Miércoles de Ceniza que da inicio a la Cuaresma. Cuarenta días importantes para muchos católicos, llenos de oraciones y sacrificio. Como todas las tradiciones, el carnaval ha evolucionado a lo largo del tiempo y se complica saber con exactitud a dónde tenemos que remontarnos para determinar su verdadero predecesor.
Quizá antes del surgimiento del cristianismo, en las llamadas bacanales ( en honor al Dios Baco), saturnales y lupercales romanas, relacionadas con el equinoccio de primavera, en las que ya usaban disfraces y máscaras. Por otro lado, carnaval deriva del latín “carnem levare” o “quitar la carne” lo cual sería una manera de restringir el consumo y excesos durante la Pascua. El uso de carrozas puede estar relacionado con la navegación, pues esta era la época más propicia para ello en el mundo grecorromano, siempre a finales de febrero y principios de marzo.
Lo que está claro es que disfrutar sin medida, la permisividad y cierto descontrol son las características más comunes, quizá por ello, cubrir el rostro era un signo de cierto pudor propio de la religión, aunque hoy día, tengo claro que no está presente el término pudor en ningún desfile carnavalesco. Algunos historiadores, en cambio, se remontan a Sumeria y el Antiguo Egipto como los verdaderos predecesores, aunque sea como fuere, esta tradición seexpandió por Europa y América a partir del siglo XV de una forma mayoritaria.
No se equivoquen, el carnaval es admitido por la iglesia como celebración de tipo religioso, y en los países protestantes también está presente aunque con tradiciones modificadas como el carnaval danés. Especial mención debo hacer a pesar de mi poca afición a la pluma y el antifaz, a los carnavales de santa Cruz de Tenerife, Cádiz y a los de Águilas que tienen la categoría de Fiesta de Interés Turístico Internacional.
Aunque si quieren que sea sincera de verdad, he de reconocer que la estética a lo Canaletto que envuelve a Venecia en sus carnavales, con esos trajes del siglo XVII , sí me llama la atención, aunque solo sea por ver el contraste del color con la piedra veneciana de la ciudad. En fin…Carnaval para quien lo quiera. Yo aquí sigo, tan auténtica que no necesito disfraz, ni de india, ni de princesa, ni de monja. Ir a cara descubierta siempre me pareció la opción más interesante.





















