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Financieros en apuros (I)

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El gran problema al que las empresas se han tenido que enfrentar en los últimos años, y últimamente de una manera más agudizada, ha sido la falta de liquidez. El fuerte incremento de la morosidad y demoras en el plazo de cobro –con especial énfasis el relativo a las Administraciones Públicas- ha supuesto un crecimiento de las necesidades de financiación. Por su parte, las necesidades de recapitalización de las entidades financieras, el excesivo periodo que ha llevado el proceso de reestructuración de nuestro sistema financiero y las nuevas exigencias establecidas por el Banco Central Europeo han terminado por cercenar las escasas posibilidades de financiación a corto plazo de las empresas. En consecuencia, muchas de las empresas que han tenido que cerrar sus puertas pienso que no ha sido motivado por un problema de negocio sino, principalmente, por un problema de solvencia. A tenor de las noticias que conocemos día a día es previsible que esta situación no cambie a corto plazo, y lo que es peor aún, tampoco lo haga a medio plazo.

En este escenario, los responsables del área financiera y tesorería han adoptado un protagonismo que hasta ahora no habían tenido en sus propias empresas: entre otras acciones deben ingeniárselas para recoger mes a mes la tesorería necesaria para que la empresa pueda hacer frente a su estructura de gasto. Seguro que a más de uno esta situación le está provocando un verdadero quebradero de cabeza. Ahora bien, pienso que en muchos casos, los tesoreros y los responsables financieros no sólo tienen que hacer frente a este nuevo escenario sino también se tienen que enfrentar con ellos mismos. ¿Cuántos de ellos han sido capaces de adaptarse a la situación y buscar soluciones alternativas? El día a día tan arrollador y vertiginoso hace que nos convirtamos en “animal de costumbres” y casi por obligación nos hace actuar de forma rutinaria e inconsciente. Baste un ejemplo tan simple y cotidiano como pueda ser el desplazamiento a nuestro lugar de trabajo: arrancamos el coche, encendemos la radio en la emisora programada, utilizamos el mismo itinerario, etc. ¿Hemos pensado alguna vez en utilizar, por ejemplo, un itinerario alternativo, en cambiar una rutina? Cuando luego volvemos al itinerario habitual somos capaces de visualizar aspectos diferentes que antes no éramos capaces de percibir. ¿Cómo se aprende a adaptarse al cambio? En mi opinión de la misma manera que se aprende, por ejemplo, a esquiar: esquiando. Uno aprende a adaptarse al cambio provocando conscientemente situaciones de cambio.

El rol del director del departamento financiero y tesorería está cambiando a una velocidad vertiginosa y la capacidad de éstos para adaptarse al cambio supone, sin duda alguna, un verdadero reto.

¿Cuántos financieros en apuros han sido capaces de salir de esa falsa resignación que muchas veces enmascara un cóctel de comodidad, desgana y falta de competencia? Si las cosas no salen con los procedimientos o las técnicas que veníamos aplicando hasta ese momento es necesario cambiar el proceso. ¿Quién no ha oído alguna vez expresiones del estilo: “lo he intentado diez veces y no he logrado el objetivo?” Y yo me pregunto: ¿lo hemos intentado diez veces de la misma manera o lo hemos intentado de diez maneras diferentes?

En muchas ocasiones los directivos pensamos, o al menos tenemos la tentación de pensar, que preguntar o compartir con otro sobre un problema supone “rebajarse” y, nunca más lejos de la realidad, porque considero que no aprende más la persona que habla sino la que escucha. En este sentido, han sido muchas las empresas que, esta época, han encontrado su tabla de salvación acudiendo a empresas de consultoría especializadas.

Capacidad de adaptarse al momento, constancia, capacitación técnica y comunicación son sólo algunas ideas que he querido poner de manifiesto, todas ellas desde la perspectiva personal del directivo. Estas características, aún siendo importantes y necesarias resultan insuficientes para darle al directivo que ejerce funciones financieras la verdadera relevancia y dimensión que en estos momentos requiere. Me propongo en un artículo posterior transmitir esas otras cuestiones que, en mi opinión, complementan las aquí expuestas.

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