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Opinión |
Jueves, 09 de Enero de 2020

Greta, el Opus y la calefacción


Como el turismo llega a todas partes, es necesario que los políticos locales aporten una buena razón para no ir jamás a su localidad. En Rennes, una localidad del norte de Francia de las que no vienen jamás a la mente (excepto, hasta ahora, la de algunos turistas, que tienen una memoria implacable, y las presas de ETA, que son reagrupadas en su cárcel), han encontrado esa razón. Para toda solución los políticos de hoy encuentran siempre un novedoso problema. El alcalde ha dicho estas navidades que queda prohibida la calefacción invernal en las terrazas de los bares, porque acaba con la salud ambiental del Planeta. La caridad con el Planeta bien entendida empieza por la pulmonía de uno mismo.

 

Ese alcalde ha dado un motivo magnífico para que nadie que sea de fuera -o que sea de dentro pero no pueda escapar- se acuerde en la vida de que existe una cosa llamada Rennes. Gracias a su alcalde por ayudar a hacer, no sé si un Planeta más limpio, pero sí desde luego más pequeño, más abordable: Hay demasiados sitios a los que viajar y ya sabemos que Rennes no existe, porque se te gangrenarán los pies mientras te tomas una cerveza en la calle. Encima la cerveza francesa es mala, que ésa es otra. 

 

Algunos dicen que ese alcalde se parece a la niña Greta Thunberg, a la que encerraron esta Navidad en una habitación acolchada tras ponerse a pensar demasiado intensamente en que alguien, en alguna parte del mundo, en ese momento, había encendido una cerilla para tratar de calentarse sus manos yertas. Pero a mí ese burgomaestre me recuerda más bien a los monitores del Opus Dei de mi juventud. En realidad es la propia Greta la que me recuerda a los monitores del Opus de mi juventud, en hombre y todo. Recuerdo que los jóvenes nos quejábamos de la obligación de ducharnos con agua helada al amanecer, pero aquellos tíos de una simpatía muy bien entrenada nos respondían que eso hacía viril, que el agua tibia era de 'mujerzuelas' (no sé por qué utilizaban exactamente esta palabra), que la helazón evitaba los pensamientos un poco dispersos y que pensáramos en qué planeta íbamos a legar a nuestros tataranietos. Parece que, efectivamente, los 'padrastros' en los dedos morados producidos por el frío duelen algo menos si nos acordamos del Planeta que vamos a legar a nuestros tataranietos.

 

La Thunberg parece ese típico caso de niña insistente cuyos papás no saben cómo quitársela de encima y acaban poniéndole un planeta a su disposición y que así se entretenga, con tal de que no entre al salón cuando hay visitas. El veterano y obeso roquero Meat Loaf ('Cacho Carne'), cuyo nombre por sí sólo obliga a Greta a meterse de nuevo en la habitación acolchada, ha acusado a la niña de haber sufrido un lavado de cerebro, y ésta lo ha mirado de una forma que haría volverse anoréxico a cualquiera con menos presencia de ánimo que el gigantesco cantante texano. Desde 'Carrie' ya no se hacían miradas así. Como mis monitores del Opus, Greta tiene en el fondo razón: el planeta es mucho mejor si uno se lava sin jabón a las seis de la mañana en agua de deshielo. El planeta es mucho mejor así, pero la vida humana parece que no mejora significativamente.

 

Y aquí vamos al verdadero centro del pensamiento Greta. Lo humano es lo que sobra en esta ecuación. Lo que le pondría el cuerpo flamenco a Greta sería decir que en realidad en el Planeta se respiraría mejor sin la presencia de nuestra especie invasora. Ha cumplido ya 17 tacos aunque como todas las desnutridas parece que tiene una edad indefinida, digamos entre ocho años y ochenta. Patti Smith, la cantante de la célebre 'Horses', que nunca pude dejar de pensar que era un autohomenaje a su rostro (aunque seguramente no lo era), le ha dedicado un poema por la efeméride. Cuando cumpla los 18 y para celebrarlo Greta Thunberg nos pedirá, tal vez, que hagamos un sacrificio ritual colectivo en todo el mundo para sanear el Planeta, al estilo del Reverendo Jones en La Guyana. 

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