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Opinión |
Viernes, 13 de Marzo de 2020

¿Por qué la coronacrisis ha hecho estallar la economía?

La crisis sanitaria ha sido la gota que ha colmado el vaso en un 2020 marcado por la debilidad económica. La histeria de los mercados ya es parte de la historia económica de España

 

El pinchazo de la burbuja hipotecaria y la caída de Lehman Brothers fue la gota que colmó el vaso en 2008. Sin embargo, con la coronacrisis de 2020 la caída de la confianza de los inversores está siendo aún más drástica. La principal diferencia entre ambos acontecimientos es patente si analizamos el contexto de ambos eventos.

 

 

Riesgos geopolíticos

 

En 8 de noviembre de 2007 el IBEX 35 vivió un máximo histórico tras alcanzar los 15.945 puntos. La Unión Monetaria y la ausencia de riesgos de tipo de cambio provocaron un descenso en los tipos de interés desde el 2000. Esto intensificó la confianza de los inversores y provocó un crecimiento del crédito concedido, aun cuando la posición de los deudores era delicada. El aumento de la llegada de inmigrantes provocó un auge en la demanda de viviendas y las políticas del gobierno continuaron siendo procíclicas, por lo que el ciclo económico se encontraba en un momento de éxtasis.

 

Durante la recesión, la confianza de los inversores tocó fondo el 24 de julio de 2012 cuando el índice perdió los 6.000 puntos empujado por la caída del sector financiero y la construcción. Los tipos de interés rondaban el 7,5% y la prima de riesgo también mantenía su nivel máximo histórico alcanzando los 630 puntos básicos. La gran recesión supuso el fin de una etapa dorada de la economía y un cambio de escenario, con una Unión Europea que había pasado de converger y desarrollar las zonas menos desarrolladas a dividirse entre un núcleo de países estables y potentes económicamente y una periferia debilitada.

 

El escenario previo al desplome de la bolsa de marzo de 2020 es bien distinto. En 2017, el índice español se encontraba un 35% por debajo del máximo histórico de 2007, siendo el índice más alejado de su punto máximo en Europa junto con, paradójicamente, el FTSE MIB italiano. En 2019, el IBEX 35 ya estaba un 40% por debajo de los 16.000 puntos.

 

La diferencia entre las dos situaciones pre-crisis se halla en los grandes riesgos a los que se enfrenta el mercado actualmente. Desde el auge de la guerra comercial entre China y EEUU hasta una polarización social con la aparición de populismos en Europa, el plano internacional está plagado de trampas que amenazan el status quo. Estos riesgos son tangibles y algunos de ellos ya se han materializado: todo el mundo conoce a Donald Trump, la bajada del precio del petróleo es patente y el Brexit ya es cosa del pasado. Junto a esto, la disrupción tecnológica ha provocado la aparición de nuevas armas comerciales –Huawei perderá entre 10.000 y 30.000 millones de dólares por el bloqueo de Google. En este contexto de polarización, los mercados han estado muy atentos a los riesgos geopolíticos y han mostrado una gran sensibilidad ante situaciones que hayan podido alterar el caos organizado que gobierna la política mundial.

 

 

Economía frágil

 

Antes de la llegada de la primera crisis del siglo, en 2007 la tasa de paro rondaba el 8% y el PIB crecía año tras año desde la entrada del nuevo milenio. Estas dos magnitudes eran compartidas por la mayor potencia del continente, Alemania. Actualmente, la tasa de paro de España es ligeramente inferior al 14%, el punto más bajo desde 2013, mientras que la de Alemania es del 3,2%.

 

Esto es una imagen representativa de la divergencia que se ha producido en la Unión Europea entre los países del núcleo, que han gozado de una mayor estabilidad económica, y los de la periferia, que siguen lidiando con grandes desequilibrios macroeconómicos. A esto hay que añadir que la UE está en plena desaceleración económica, siendo 2019 el año con menor crecimiento del último lustro.

 

En la anterior crisis, en España la tasa de paro se triplicó y superó el 25% en 2013–no descendió del 20% hasta 2016. En la actual crisis, el mercado laboral está en jaque debido a la posible sustitución de mano de obra humana por mejoras tecnológicas y a una falta de armonía entre los perfiles demandados y los ofertados. Por otro lado, la crisis climática ha cogido especial relevancia y hay sectores que no van a tener un hueco en el sistema productivo en el futuro. Por lo tanto, la economía española se enfrenta a un momento de incertidumbre y fragilidad.

 

Además de esto, cabe destacar que la actividad económica va a verse paralizada por la crisis sanitaria de manera radical. Debemos estar preparados para ver cierres de zonas altamente infectadas y la imposición del gobierno de clausurar empresas a modo de cuarentena nacional, tal y como está ocurriendo en Italia. Por lo tanto, la crisis no va a ser únicamente sanitaria y va a suponer un importante shock en el sistema económico. El impacto que puede sufrir el mercado laboral es devastador y se van a vivir momentos de gran volatilidad en los mercados financieros.

 

En resumen, la coronacrisis va a ser la gota que colme el vaso debido a la parálisis integral que va a producir y a la frágil situación geopolítica y macroeconómica reinante en España. De momento ha supuesto la mayor caída diaria de la historia del IBEX 35 y un varapalo tremendo para las PYMES españolas.

 

 

Una ventana para la esperanza

 

La economía es cíclica, siempre lo ha sido y siempre lo será. El Estado puede ser un amortiguador del ciclo económico si estimula la demanda en épocas de crisis y ahorra cuando la tendencia es alcista. Mario Draghi salvó la economía en la primera recesión del siglo estimulando la demanda europea.

 

Según los expertos, en el mejor escenario, esta nueva crisis podría afectar al crecimiento económico hasta el final del primer trimestre de 2020, mientras que en el peor escenario se viviría una nueva recesión global. Para responder a esta crisis, Europa y España deberán preparar un nuevo plan de estimulación fiscal para apoyar a los sectores más damnificados. El Gobierno ha anunciado la inyección de 14.000 millones en liquidez y un refuerzo a la sanidad, mientras que Lagarde ha anunciado que el BCE comprará activos de deuda por valor de 120.000 millones de euros. En estas estrategias es prioritario que haya hueco para las PYMES y los autónomos de sectores como la hostelería y el turismo, ya que son los agentes menos protegidos del mercado y son una pieza clave como generadores de empleo.

 

Dentro de este plan de estímulo fiscal, la UE y el Gobierno pueden aprovechar la inyección de liquidez para fomentar la integración de la sostenibilidad en las compañías. De esta manera, se repararían las pérdidas económicas a base de inversión sostenible. La UE ha estado poniendo los cimientos regulatorios para la transición a un modelo productivo más verde, por lo que si consiguen canalizar el estímulo fiscal a actividades sostenibles se obtendría un doble beneficio socioeconómico.

 

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