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Opinión | Consejero Editorial de MurciaEconomía
Miércoles, 19 de Agosto de 2020
Francisco Martínez Ruiz

Solo una mueca en vez de sonrisa

 

Ya sí se va terminando el verano y empiezas a recordar anécdotas y situaciones que, las más de las veces, te hicieron finalmente sonreír. Ya casi no tiene importancia la titánica tarea de realizar una gestión en una oficina bancaria en la costa, con colas que recordaban los tiempos de la cartilla de racionamiento; con empleados que, por lo general, adoptan una actitud metálica ante el cliente; con conversaciones en las colas con extranjeros que parecen españoles – por su forma de vestir, por su forma de interpretar la situación, por su forma de hablar también y, sobre todo por la forma de quejarse. Y españoles que parecen finlandeses morenos: esbeltos, vestidos a la última, multitecnologicos, con cierta ajeneidad y distancia social y no social.

 

Ya resulta baladí, casi entrañable, el trasiego para ir a la farmacia y que te tengas que ir a otra provincia porque no llevas la tarjeta sanitaria que, en mi caso, no he visto en mi vida. Y que en la farmacia de la otra provincia vuelvan las colas hasta doblar el picoesquina. Estas colas son más tranquilas, sufridas, que las bancarias. La gente no habla. Sólo suspira, y se infla entonces la mascarilla. Si se inflan varias a la vez, es el termómetro de que la cosa va mal en términos de timing.

 

Pero incluso esto se recuerda con cierta comprensión, como riéndose de uno mismo. Como ocurre en los supermercados. Avalanchas ordenadas o menos ordenadas de gente variopinta que discurre por el supermercado como si fuera una exposición de arte etrusco. Deteniéndose en cada producto y evacuando consultas y contraste de pareceres con su acompañante, en torno a cuál será la mejor opción a la hora de adquirir un kilo de peras conferencia.

 

También esto te evoca momentos que, bueno, han formado parte de tu escenario vital. Y claro, no solo estos, sino también evocas veladas imprescindibles con los buenos amigos: Pedro, Regina, Jaime, Natalia, Ignacio y Elena, José Miguel y Sandra, la palabra amable y la sonrisa siempre de Alberto Fontes, y alguna hora de mar en el VIZ.

 

Escribiendo esto me sobreviene una sonrisa provisional que se transforma en mueca al pensar en lo que pasó, está pasando y lo que viene. Es como la canción de quiero y no puedo tener alegrías, es otra batalla a librar que se disipa en un malvado espejismo estival.

 

Es una herida que se te abre por tantos compatriotas. Por esta España tantas veces golpeada. Es preocupación. La que tenemos todos, pero que, en mi caso, se refleja en el dibujo de una sonrisa que se va…

 

Para convertirse en una mueca.

 

Mucha suerte para todos.

 

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