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Opinión |
Martes, 17 de Noviembre de 2020

El 80% de los bancos centrales estudian emitir moneda digital ante el auge de su uso

 

La tecnología está cambiando las realidades de todos los sectores de la economía facilitando la trasmisión de datos y la estabilidad de las comunicaciones entre agentes de todo el mundo en tiempo instantáneo o casi. El sector financiero es un sector transversal que afecta a todos los ámbitos de la economía ya que una pata de este sector es la liquidez y los medios de pago que los agentes económicos utilizan para hacer funcionar resto de sectores. Ante la pérdida de valor e incertidumbre de las divisas nacionales debido a la indisciplina fiscal de la mayoría de estados financiados a través de Bancos Centrales cada vez más recalentados por financiar déficits, los agentes económicos han encontrado en la tecnología una herramienta para salvaguardar el valor de su capital o ahorro. En España, el gobierno ya ha anunciado medidas como la obligación de comunicar la posesión de monedas digitales para tratar de controlarlas con miras a ampliar las extracciones impositivas y aumentar el poder recaudatorio del Estado. El anuncio de la posible emisión de monedas digitales por parte de los bancos centrales ahondaría en este punto y competirían directamente con cripto divisas como Bitcoin a la que consideraremos para este artículo como el estándar de las monedas digitales privadas. Bitcoin es una criptodivisa o divisa digital privada basada un código de fuente abierta y se basa en la tecnología blockchain para realizar lo que denominan un ‘minado’ con el que consiguen una unidad de Bitcoin. El blockchain o cadena de bloques es una forma de contabilización, organización y trazabilidad de la información basada en bloques interdependientes y necesarios entre sí para poder obtener la información plena. La emisión de Bitcoin está limitada a la tecnología y está previsto que se frene la emisión en los 21 millones.

 

Bitcoin y las monedas digitales que emitirían los Bancos Centrales serían activos monetarios. Son activos que los agentes económicos van utilizar como método de cambio indirecto aplazado ya que esperan que el valor del activo tenga una estabilidad suficiente como para asegurar un poder adquisitivo estable en el tiempo. Y hasta aquí las coincidencias entre las cripto divisas privadas y las hipotéticas monedas digitales que puedan emitir los Bancos Centrales. Los activos monetarios pueden dividirse entre activos reales y activos financieros que son aquellos activos que al mismo tiempo son el pasivo de otro agente económico. Los activos reales otorgan derechos erga omnes al tener la propiedad directa, mientras que los financieros tan solo nos adeuda el deudor y es esa deuda el origen del valor de ese activo. Las monedas digitales privadas como Bitcoin tienen valor por sí mismas y nadie puede exigir su aceptación o uso que es plenamente voluntario como el de cualquier otro activo real. Esto es debido al origen mismo de este tipo de activo financiero. Bitcoin y el resto de cripto divisas privadas nacen tras la crisis financiera de 2008 que volvía a mostrar las debilidades de nuestro sistema financiero: la reserva fraccionaria de los bancos centrales y su monopolio monetario hacen que respalden la emisión de moneda con activos sobrevalorados que al destaparse su falta de valor crean crisis cíclicas. La falta de un activo real cuya emisión no esté controlada por políticos o banqueros, que respalde y asegure el valor del ahorro de los trabajadores e inversores frente a las ansias derrochadoras de los Estados financiados por Bancos Centrales, hizo que surgieran nuevos activos basados en la tecnología digital, más difícil de confiscar o expropiar, que son utilizados como salvaguarda del valor de nuestro dinero. Es un activo que apenas tiene 10 años de vida y que aún está implantándose y cada vez son más los usurarios que optan por utilizarlo. Aún es un instrumento financiero de alta volatilidad y mucho riesgo pero al largo plazo parece el futuro de la industria financiera. Las monedas digitales que los bancos centrales pudieran emitir serían un pasivo de cada uno de los estados que conformen este banco central. En última instancia es el Estado emisor de esa moneda digital el deudor y de su solvencia dependerá el valor del activo; en las monedas digitales privadas es el mercado vía la libre cooperación humana expresada en la oferta y demanda de este tipo de activo real. Si un Estado se compromete a un número de obligaciones financieras tales que el resto de agentes económicos consideran que no podrá hacer frente a ellas vía ingresos futuros, en el caso del Estado extracciones coercitivas de recursos a sus ciudadanos, el valor de las monedas digitales se vería afectado por la inflación igual que el resto de activos monetarios emitidos por el Banco Central del Estado. Bitcoin y el resto de monedas digitales privadas están basadas en la tecnología ‘blockchain’ que posee un valor socialmente reconocido por los usuarios que lo aceptan como medio de transacción al que le asignan un valor por lo que es un activo real, y no deuda financiera ya que no genera ningún derecho sobre nada o nadie, e intangible al ser completamente digital. Otra gran diferencia entre las monedas digitales privadas y las que emitirían los Bancos Centrales es que Bitcoin tiene una emisión absolutamente descentralizada. Cualquier usuario de la comunidad puede emitir Bitcoin si posee la tecnología gracias al sistema de información y verificación que tiene el sistema de transacción de esta nueva divisa; del mismo modo que la transferencia de estos activos están del mismo modo descentralizada mientras que en el caso de las divisas digitales de los Estados, tanto emisión como transacción, dependerían directamente del Banco Central que tendría información de todas las transacciones realizadas con este activo: esta sería la gran diferencia con respecto al efectivo, un mayor control del Estado sobre los ingresos y gastos de los ciudadanos con miras a la extracción coercitiva de recursos. En el caso de Bitcoin es la propia comunidad y su sistema de información quien controla la correcta ejecución de las transacciones de forma descentralizada a través de usuarios anónimos.

 

Desde que el 15 de agosto de 1971 Richard Nixon anunciara el fin del acuerdo de Bretton Woods y la salida del dólar de la indexación al oro, con la consiguiente generación de crisis financieras cíclicas y burbujas por los errores de inversión inducidos por la creación de dinero no respaldado por valor real, el ahorrador e inversor de todo el mundo está buscando algún activo que mantenga el valor de trabajo fuera del alcance de las manos derrochadoras de banqueros centrales y políticos de turno. A esta necesidad vienen a responder Bitcoin y el resto de monedas digitales privadas que fueron diseñadas para descentralizar el sector financiero de los políticos y banqueros acercándolo a la gente real.

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