
"Jamás pensé que hubiese sido tan feliz el día de mi boda". Así resume Miriam (Las Torres de Cotillas) cómo se sintió el día en el que al fin pudo pronunciar las palabras mágicas a su esposo Rubén. El pasado 6 de junio, después de 379 días y tres cancelaciones, la pareja juró matrimonio en la iglesia torreña, Ntra. Señora de la Salceda.
El 23 de mayo del pasado y fatídico año 2020, los sueños de esta pareja murciana se desvanecían cuando la situación pandémica obligó a cancelar su boda y la de miles de personas en su misma situación. Hace apenas un año, este medio digital contaba la historia de Miriam, que hoy la observa desde bien lejos. Y es que durante todo este tiempo la boda de esta pareja se convirtió en un círculo de frustaciones del que parecía imposible salir.
"Ha sido tremendo, para escribir un libro, vamos. Después de la primera cancelación de la fecha inicial en mayo del 2020, lo pasamos a verano, que luego tampoco se pudo hacer. Viendo el final del túnel y siendo más positivos, decidimos aplazarla para el mes de noviembre. Una semana antes de la boda, el mismo día que recogí mi vestido de novia, pillé el coronavirus. Después de la terca cancelación pensé que esto ya eran señales del universo, porque entonces no le encontraba el sentido".
Y a pesar de haber pasado por lo mismo tres veces, la joven confiesa que esta última la vivió fatal. Asegura que si no hubiese tenido ni el vestido ni las reservas del fotógrafo o el restaurante hubiese cancelado la celebración por completo: "Se te va la ilusión y no tenía manera de recuperarla".
La primera vez que entrevistamos a Miriam, nos contó que su mayor ilusión era que su abuela la viera casarse ya que esta tenía una salud muy delicada. Como el 23 de mayo la murciana no pudo cumplir su deseo, aquel día le llevo el ramo de novia a su abuela, acompañada del brazo de su padre y con la marcha nupcial de fondo. Entonces, la joven declaraba que imitó lo que sería la boda ya que no sabría si algún día su abuela la vería en el altar. El destino movió las fichas necesarias para que el pasado 6 de junio, su ilusión se hiciera realidad.
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"Mi abuela estaba muy mal y ella era consciente de que se estaba muriendo. Le dije que por favor aguantara que el domingo estaba aquí con ella. Unos días antes de la boda, mi abuela tuvo que ser ingresada. Era un estado de nervios... ¡cómo podía estar así! Llegó un momento que no sabía si tendría que ir a la misa de mi boda o al tanatorio. Mi abuela pudo verme el domingo, pero 11 días después falleció. Le estoy muy agradecida porque ella cumplió mi sueño".
Cumplió su deseo y lo recuerda repleta de felicidad. Confiesa que aquel domingo por la mañana miró al cielo y no se lo podía creer. "Hubo un momento en el que me frené en la celebración y miré a mi alrededor. Vi a todo el mundo sonriendo, contento, emocionado... Si me hubiese casado el 23 de mayo de 2020, seguro que no hubiese sido lo mismo. Aquel día, la gente tenía ganas de estar ahí, de juntarse, de celebrar... Fue perfecto".

