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CARTAGENA

El coste real de la moción de censura fallida en Cartagena: fractura en Vox, desgaste en el PP y una oposición sin impulso

El fracaso de la operación política no resuelve la inestabilidad municipal, sino que la redistribuye entre todos los bloques

José Antonio Muñoz Jueves, 28 de Mayo de 2026 Tiempo de lectura:
Juan Pedro Torralba, Jesús Giménez Gallo y Manolo Torres (Imagen de archivo).Juan Pedro Torralba, Jesús Giménez Gallo y Manolo Torres (Imagen de archivo).

La moción de censura que durante días agitó los cimientos del Ayuntamiento de Cartagena ha terminado dejando algo más que vencedores y vencidos. Ha dejado heridas abiertas, alianzas rotas, desconfianzas personales y una sensación generalizada de que nadie sale completamente indemne de una de las mayores crisis políticas vividas en el municipio en los últimos años. Pero si hay una formación que parece haber quedado especialmente atrapada entre los escombros de la operación fallida, esa es Vox.

 

La política cartagenera ha vivido esta semana uno de esos giros que alteran por completo el tablero en cuestión de horas. Lo que parecía el principio del fin para el Gobierno de Noelia Arroyo acabó convirtiéndose en una maniobra de supervivencia política que terminó haciendo saltar por los aires la alianza entre Partido Popular y Vox. Y en medio de ese terremoto, la formación de Santiago Abascal ha quedado desdibujada, dividida y expulsada del lugar de poder que había conseguido ocupar hace apenas año y medio.

 

La imagen es poderosa: un vicealcalde cesado de forma fulminante, concejales enfrentados entre sí, negociaciones discretas, llamadas de última hora, reproches cruzados y una moción de censura que terminó deshaciéndose cuando dos de las piezas clave —Diego Salinas y Beatriz Sánchez del Álamo— decidieron retirar su apoyo. El castillo político construido durante días se vino abajo en cuestión de horas. Y lo hizo dejando a Vox sin Gobierno, sin relato común y con la sensación de haber perdido el control de la situación.

 

Porque el gran daño para Vox no es únicamente institucional. No es solo haber perdido concejalías, áreas de gestión o la Vicealcaldía de Cartagena. El verdadero desgaste está en la imagen trasladada hacia fuera: la de un partido fracturado internamente, incapaz de mantener una estrategia unitaria y atrapado entre las diferencias personales, las luchas de liderazgo y las tensiones acumuladas durante meses dentro del grupo municipal.

 

Las rencillas internas terminaron aflorando de la peor manera posible. La relación deteriorada con Gonzalo López Pretel, las discrepancias sobre el rumbo político que debía tomarse y las distintas posiciones respecto a la moción de censura acabaron dinamitando cualquier posibilidad de mantener una línea común. Lo que comenzó como una operación para desbancar a Noelia Arroyo terminó derivando en una implosión política dentro del propio espacio de Vox.

 

Pero el Partido Popular tampoco puede celebrar una victoria plena. Noelia Arroyo salva la Alcaldía, sí, pero el precio político pagado es alto. La alcaldesa ha tenido que romper definitivamente con sus socios de gobierno, expulsar a los concejales de Vox del Ejecutivo y reconstruir a toda velocidad una mayoría de supervivencia basada más en la necesidad que en la estabilidad. Conserva el bastón de mando, pero pierde la comodidad parlamentaria y entra en una legislatura mucho más frágil, incierta y sometida a tensión constante.

 

La imagen que deja el Gobierno municipal tampoco es precisamente la de la fortaleza. En apenas unos días, Cartagena ha visto cómo se sucedían ceses, desmentidos, pactos rotos y acusaciones de “compra de voluntades” lanzadas desde la oposición. La política local ha quedado reducida a un tablero de urgencias donde cada movimiento parecía responder más a la supervivencia inmediata que a una estrategia de ciudad.

 

Y, aun así, probablemente quien más frustración arrastra sea la oposición. MC, Sí Cartagena y PSOE llegaron a rozar una posibilidad histórica: construir una mayoría alternativa capaz de cambiar el Gobierno municipal. Por primera vez en mucho tiempo, la moción de censura parecía tener números reales para prosperar. Pero la operación terminó desmoronándose justo antes de cruzar la meta. La retirada del apoyo de Salinas y Sánchez del Álamo dejó a la oposición con la sensación amarga de haber tenido el poder al alcance de la mano y verlo desaparecer en el último instante.

 

La gran pregunta ahora es qué queda después de todo esto. Cartagena entra en una nueva etapa marcada por la desconfianza mutua, las relaciones rotas y una gobernabilidad mucho más compleja. Vox deberá recomponerse tras una crisis que amenaza con pasar factura electoral. El PP seguirá gobernando, pero en minoría y bajo una presión política constante. Y la oposición intentará convertir el desgaste institucional en una oportunidad de futuro.

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