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Opinión |
Martes, 19 de Mayo de 2020

Lecciones de democracia con Pablo Iglesias… ¿O quizás de demagogia?

 

La pasada semana tuvimos el privilegio de recibir una lección de democracia impartida por el Profesor Iglesias en [Img #70592]el Congreso de los Diputados. La clase magistral surgió a raíz de una interpelación en la que se solicitaba al vicepresidente del ejecutivo que explicase si estaba utilizando el estado de alarma para debilitar “los fundamentos de la democracia”. Pablo Iglesias aprovechó la ocasión para “tratar de explicar con toda la humildad los fundamentos de la democracia” a la diputada que formulaba la pregunta. En efecto, la explicación, aunque de aquella manera, la dio. La humildad, si es que algún día la tuvo, se la dejó en casa.

 

Desde el punto de vista del Profesor Iglesias “los fundamentos de la democracia son las bases materiales que constituyen los derechos sociales”. Esta frase tan rimbombante no deja de ser un eufemismo utilizado para afirmar algo mucho más grave: para Pablo Iglesias los fundamentos de la democracia residen en la igualdad material entre los ciudadanos, es decir, en la igualdad de resultados. Esta igualdad, que para Iglesias equivale a democracia, pasa necesariamente por la intervención omnipresente del estado en materia económica, como expone a lo largo de su argumentación. Además, Iglesias tacha en su discurso de antidemócrata a todo aquel que niegue esta verdad absoluta, es decir, a todo aquel que cuestione su definición sesgada y excluyente de democracia.

 

De acuerdo con su definición, la democracia no tiene absolutamente nada que ver con la forma de elegir a los gobernantes, como tampoco tiene que ver con la división de poderes, ni con la igualdad ante la ley, ni con la libertad de expresión, ni mucho menos con la independencia judicial. Estos conceptos que algunos ignorantes creíamos indispensables para considerar que un sistema era verdaderamente democrático son para Iglesias cuestiones secundarias, nimiedades, en ocasiones pueden llegar incluso a suponer un obstáculo para lograr el verdadero objetivo de la democracia: la igualdad material conseguida a través de la ubicuidad del estado.

 

Afirma también Iglesias que aquellos que no defienden la titularidad estatal en la prestación de los servicios sanitarios, educativos y de pensiones no pueden ser considerados, de ningún modo, demócratas. Ésto no es sólo grave porque esté planteando que no pueda existir debate alguno sobre estas cuestiones en una democracia, sino porque de hecho está afirmando que países como Alemania o Corea del Sur, en los que el sistema sanitario es de provisión privada con garantías estatales de universalidad, no son democracias. Tampoco serían demócratas, en atención a las palabras del vicepresidente, aquellos que defienden el copago sanitario, o sea, que la gran mayoría de países europeos, en los que existe alguno u otro sistema de copago, no son en absoluto democracias. La de cosas que se aprenden con este profesor.

 

Pues bien, lo cierto es que los fundamentos de la democracia han sido objeto de estudio y debate en la filosofía desde los tiempos de la Grecia Clásica. Se trata de un concepto controvertido, no existiendo un consenso generalizado. Podemos recurrir a distintas definiciones de diversos autores, algunas más amplias, otras más acotadas, algunas más neutrales, otras más parciales. En concreto, lo que hace Pablo Iglesias es adoptar un concepto de democracia muy restringido, adueñándose del término y excluyendo a todo aquel que no comulgue con sus ideas. Ahora bien, eso que Iglesias define como democracia dista mucho de lo que la mayoría entendemos como tal: sistemas políticos en los que los gobernantes son elegidos por los ciudadanos, existe separación de poderes, igualdad ante la ley y respeto por los derechos humanos. Debemos resaltar aquí que estas condiciones solo se han dado en aquellos países en los que existe algo que Pablo Iglesias detesta: la libertad económica traducida en el libre mercado como uno de los ejes sobre los pivota la organización social. Y es que, como apuntó el premio nobel de economía Milton Friedman, “la historia habla con una sola voz de la relación entre la libertad política y el libre mercado”. No hay ni ha habido nunca democracia en aquellos países cuyos dirigentes han renegado rotundamente de las fuerzas del mercado.

 

En definitiva, dado el particular concepto que sostiene el Sr Iglesias, creo yo que a lo que asistimos la semana pasada fue más bien a una lección de demagogia, que es, como nos enseñó Aristóteles, la más absoluta corrupción de la democracia.

 

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