Al primero que amarra no le falta soga
Llevaba algunos días pensando, y contrastándolo en cierto modo con mi perro Orfeo, sobre la validez de refranes, dichos y demás aforismos que desde tiempos inmemoriales y formulados la mayor de las veces en el formato pronóstico suelen dar en el clavo, por los siglos de los siglos, y constituyen el corpus no técnico del proceder humano. Algo así como un repertorio de autoayuda doméstico y sin márquetin.
Del proceder humano, decía, y en particular del proceder de los españoles, auténticos maestros en la producción de este material. Y muy en particular de los murcianos que, sin mucho alarde literario ni giros a la castellana, centrándose en lo básico hasta extremos demoledores, logran también citas imbatibles.
Por lo general, en nuestra querida tierra, estos dichos y refranes están orientados al área económica y comercial, combinando severidad de pronóstico con una visión escéptica y algo derrotista de la condición humana. En resumen, se formulan con mucha reserva sobre las cosas y la gente, propia de quién está alerta a las oportunidades, pero cauto hasta que no cuajan. Que no es lo mismo que la prudencia. Veamos algunos.
Comencemos por al viejo y al bancal , lo que se le pueda sacar. Esto, traducido a nuestro pensamiento colectivo y por economía del lenguaje, significa extraerle el saín a todo lo que se menee. Constituye una corriente de pensamiento económico que habla claro, que superpone el hombre a los bienes materiales y pone a estos a su exclusivo servicio. Es como un humanismo, pero de aquí.
Que cada perrico se lama su pijico. Con esta expresión digamos desenfadada, nos adentramos en algo equívoco, pues guarda enormes similitudes con la autogestión, expuesta ésta en términos primarios, pero a la vez parece apelar al liberalismo radical, digo yo.
Si vamos más allá, creo que se trata de un supremo acto de afirmación del yo, independientemente de que se pueda referir a la quiebra de una sociedad promotora, por ejemplo. Es uno de los refranes que tendría que ser objeto de un análisis más profundo que el que permite esta modesta columna. Lo veo como un exponente racial, aparte de lo del perrico que no es sino un recurso literario, como si de sublimar la libertad individual se tratara, aparte de la noble intención de sustraerse a otro tipo de responsabilidades.
Días de mucho, vísperas de ná. Este es para mi el paradigma del escepticismo en el refranero económico local. Y es especialmente inquietante, porque secciona la alegría de una buena racha, a la que le pronostica un mal final. Incluso se puede expresar con cierto run run, con un poco de ironía condescendiente con el que lo escucha.
Considero conveniente traer en este punto a colación una expresión muy de aquí. No es refrán ni dicho, pero forma parte de su familia. Es como un medio auxiliar, coadyuvante que puede dotar de más fuerza al refrán o dicho, al que sirve. Se trata del “no es por ná”. Este comodín es una figura de contenido híbrido. Sirve tanto como mecanismo introductorio de alguna afirmación despojándola de compromiso, como de elemento paliativo que suaviza, disipa o atenúa algo. Y ese algo suele no gustar, pero como no es por ná, pues puede colocarse.
Cuánto te quiero perrico, pero pan poquico. Esto se inserta más en el campo del sinalagma, en el equilibrio de las prestaciones en las relaciones contractuales, y aquí viene a significar que a alguien se la están metiendo, y perdone el lector el localismo, doblá. Y lo sabe. Pero como no puede quejarse abiertamente so pena de romper lo existente o no facilitar lo futuro, pues se emplea como una especie de primer requerimiento cordial y sumiso, para ver si la otra parte lo pilla. Que lo suele pillar, lo que no significa nada en concreto.
Este último refrán nos adentra también en el ingrato mundo de las igualas. Esa relación profesional, y a la vez amistosa. Reglada, pero sin horas. Prolongada en el tiempo, pero siempre pendiente de una mala sensación. Esclava de las circunstancias, la suerte, y de otro posible candidato a la misma.
Siempre considerada –la iguala- demasiado bien pagada por uno y mal remunerada por el otro. Fuente de quejas que se cuecen en soledad... diciendo para uno eso: mucho te quiero perrico, pero pan poquico. Y además, todo el mundo la entona igual. Pruebe el amable lector.
Finalmente, en este breve resumen, abordamos no ya un refrán, dicho o aforismo, sino directa y claramente un axioma: al primero que amarra no le falta soga.
Tengo debilidad por él y se lo dije a Orfeo. Constituye la afirmación más inexpugnable que conozco. Es de aplicación a todas y cada una de las facetas de la vida. Desde el derecho inmobiliario registral o la testamentaría, a la vida en común. Desde las relaciones, a ver, interpersonales íntimas, a la asistencia a eventos.
Desde las actividades comerciales a la competición deportiva. Pero para mí, adopta su máxima virtualidad en el terreno de la política, piensen, y con su contundencia axiomática proporciona la seguridad de que no te van a decir ninguno de los refranes o dichos agoreros o de requerimiento.
A lo más pueden decir de ti con envidia otro dicho jumillano de primera: Fulanito “bailó en Belén", en el portal se refiere, y que viene a acreditar una dilatada trayectoria de experiencia y de trajín del tal Fulanito y que lleva implícito el que es persona especiamente avispada y sagaz.
Pero si a alguien se le ocurre objetarte ese movimiento que hábilmente te ha sido beneficioso, solo tienes que decirle y verás el efecto que produce, que
Al primero que amarra no le falta soga.






















