Precariedad, abandono y una huelga de hambre que ya suma tres días. Ese es el escenario que se vive en la plaza Castelini de Cartagena, donde trabajadores de las empresas auxiliares de Navantia mantienen una protesta sostenida que ha alcanzado su punto más crítico. Pedro Soriano y Alejandro Lucas, delegado de la Unión de Empresas Auxiliares, denuncian que han tenido que llegar “al extremo” ante la falta de soluciones y la ruptura de la mediación por parte de FREMM.
“La huelga es justa y necesaria por una razón muy simple: la vida sube y los sueldos se quedan estancados”, explica Soriano, con la voz desgastada por el cansancio pero firme en su mensaje. “Hay operarios que cobran por encima del convenio, pero otros muchos, especialmente los que acaban de entrar, tienen salarios precarios. Nosotros solo queremos llevar un sueldo digno a casa”.
La situación, que afecta a decenas de trabajadores del sector auxiliar, empeoró tras la salida de FREMM de la mesa de mediación. “Para nosotros ha sido un palo”, asegura Lucas. “Ha sido una estrategia por parte de ellos para desvincularse sin motivo. Nosotros siempre hemos mostrado voluntad de acuerdo. Si hoy se firma, hoy mismo volvemos a trabajar”.
Los trabajadores acusan a la patronal de haber filtrado a la prensa un movimiento que no esperaban. “No entendemos por qué lo hicieron, cuando las reuniones estaban pautadas y la negociación seguía en marcha”, señala Soriano.
Mientras tanto, la protesta se ha endurecido. Varios operarios mantienen una huelga de hambre desde hace tres días, con el apoyo constante de sus compañeros. “Esto está afectando mucho a nuestras vidas personales. Somos padres de familia, con hijos, con necesidades. Pero aquí estamos, porque creemos que lo que estamos haciendo es justo. Queremos trabajar, no estar en la calle, pero también queremos un sueldo que nos permita vivir con dignidad”.
“La mente es nuestro peor enemigo en esta situación. Pero seguimos fuertes. No vamos a parar hasta que nos den una solución”.
La plaza se ha convertido en el epicentro de una lucha que lleva meses gestándose y que ahora explota bajo el sol de julio. El conflicto laboral de las auxiliares no es una anécdota ni un gesto aislado: es el reflejo de un modelo agotado, de condiciones que no se sostienen y de una negociación rota en el momento más crítico.












