Imagen de archivoEl ajuste de plantillas vuelve a abrirse paso en España en un arranque de 2026 marcado por la transformación tecnológica, la presión sobre los márgenes y un entorno internacional más inestable. Los últimos datos disponibles del Ministerio de Trabajo, correspondientes a enero y febrero, reflejan que 1.642 trabajadores se vieron afectados por despidos colectivos en enero y 2.365 en febrero, de modo que en los primeros seis meses cerró con más de 4.000 afectados, por encima del mismo periodo del año anterior. A ese balance se han ido sumando en abril nuevos expedientes en compañías de gran tamaño, sobre todo en tecnología, servicios y gran consumo.
La guerra en Oriente Medio ha añadido incertidumbre sobre energía, inflación y actividad, hasta el punto de que el FMI ha revisado su escenario global bajo la hipótesis de un conflicto limitado y el Gobierno de España ha activado un Plan Integral de Respuesta a la Crisis en Oriente Medio. Pero los expedientes que se están conociendo responden, en la mayoría de los casos, a causas acumuladas y muy distintas según el sector. Además, el Ejecutivo mantiene hasta el 31 de diciembre de 2026 la prohibición de justificar despidos objetivos por el alza de los costes energéticos en empresas beneficiarias de determinadas ayudas públicas.
En telecomunicaciones y consultoría es donde mejor se ve esa mezcla de reorganización, automatización y búsqueda de eficiencia. Telefónica firmó en diciembre un ERE para al menos 4.525 salidas en sus principales filiales en España, dentro de un proceso de simplificación y recorte de costes que arrastra desde hace meses. En abril, Capgemini ha concretado un expediente de hasta 748 trabajadores, el 6,8% de su plantilla en España, en un contexto que la compañía vincula al cambio tecnológico y a la evolución de la demanda. El mismo día, Inetum anunció otro ajuste de hasta 425 personas, alrededor del 5% de su plantilla, aunque en este caso la empresa lo enmarca en una reestructuración operativa y en la presión competitiva del sector. A ellos se suman el ERE pactado por Avatel para 290 personas y el de Ericsson, cerrado finalmente en 164 trabajadores.
También hay recortes relevantes fuera del universo tecnológico. Nestlé ha anunciado un ERE de hasta 301 trabajadores en España, apoyándose en el aumento de costes operativos, los cambios en los hábitos de consumo, el avance de la marca blanca y la automatización. Glovo ha abierto un expediente para hasta 750 repartidores en unas 60 ciudades tras reordenar su modelo laboral y reducir actividad en localidades medianas y pequeñas. Iberia, por su parte, ha pactado un ERE voluntario para 996 empleados pese a mantener planes de crecimiento a medio plazo, mientras Majorel afronta un expediente de 329 personas en un sector, el de los centros de atención al cliente, especialmente expuesto a la automatización y a la deslocalización.
Por otro lado, Amazon pactó a finales de 2025 un ERE de 920 trabajadores en oficinas de Madrid y Barcelona, pero al mismo tiempo ha reforzado este año su apuesta industrial y tecnológica por España con una inversión adicional de 18.000 millones de euros en centros de datos e inteligencia artificial, con la previsión de sostener hasta 30.000 empleos hasta 2035. Es decir, la economía española no está ante un derrumbe homogéneo del empleo, sino ante una fase más fragmentada, con destrucción en unas áreas y expansión en otras.
En la Región de Murcia, al menos por ahora, no aparece una cascada de ERE comparable a la de los grandes grupos nacionales. El principal foco de alarma industrial está en Cartagena, alrededor de Sabic y la venta de parte de su negocio europeo a Mutares. El comité ha alertado del riesgo de cierre de Lexan 1 y de un impacto potencial de hasta 370 empleos directos y más de 2.000 indirectos, mientras el Gobierno regional ha reclamado el mantenimiento de los puestos de trabajo. Como primer efecto colateral, una de las auxiliares de mantenimiento, Serveo, llegó a estudiar un posible ERE.
El repunte de los ERE en España responde a un escenario complejo en el que coinciden varios factores. La automatización empieza a alterar funciones y estructuras, pero también pesan la competencia, la reorganización interna de las compañías, la caída de márgenes y la incertidumbre económica derivada del contexto internacional. El resultado es un mercado laboral más tensionado en varias grandes empresas.










